"Iconos - Idolos"
Sala Mendoza, Caracas
 
Cuando se disuelve lo temporal
 
La experiencia plástica de Mariana Monteagudo trasciende las barreras del tiempo para situarse en un lugar carente de asideros, donde lo antropomórfico forma parte de un juego especular en el que ella resulta reflejada así como el espectador mismo.
Su exploración abarca un espacio donde lo lúdico y lo misterioso se conjugan en una suerte de encuentro con la naturaleza atávica del ser humano.
Es este caso la artista combina elementos de lo primitivo y lo salvaje, lo sensual y lo delicadamente elaborado para llegar a una visión donde las figuras parecieran ser proyecciones de otras realidades, momentos que de alguna manera Mariana ha recorrido para traernos sus propias revelaciones y transportarnos hacia ese final de la historia que, paradójicamente, es el momento que aquí y ahora vivimos nosotros, viajantes de una realidad que ha perdido referencias, donde la figura humana se ha hecho trizas y necesita del efecto mágico religioso que procura llenar el espacio y sus formas, la totalidad del cuerpo integrado a lo tecnológico y a lo que día a día vemos, una presencia que cada vez se hace más irreal.
Entonces sus manos rompen barreras y recrean al hombre primero, ese hombre que yace tras su propia monotonía en cualquier paisaje urbano; y ahí radica parte de su secreto, en una mezcla explosiva y sutil entre el hoy y el más remoto pasado, un tiempo que sus manos con suavidad rescatan para mostrarnos una vez más la verdadera naturaleza de lo real.
Su obra es una experiencia ácida donde aquello que somos reaparece en sus formas que son a la vez primigenias y actuales.

Es una experiencia donde el espacio propio para el espectador está implícito en ese juego de miradas que a través de los tiempos, desde siempre y hasta siempre Mariana nos entrega.
Por José Antonio Parra
Abril de 2002