Caracas, martes 08 de agosto, 2006
Tiempo Libre

PLASTICA / Mariana Monteagudo expone 56 piezas en el Museo Alejandro Otero
Los pequeños seres idolatrados

La artista venezolana utiliza referentes actuales y ancestrales de diversas culturas

"Si algo no me gusta como está quedando no tengo reparo en borrar y comenzar de nuevo. Es linda esa sorpresa: hay un diálogo con la pieza hasta que ella me diga hasta dónde quiere llegar"
MARIANA MONTEAGUDO, artista

MARIA GABRIELA MENDEZ

EL UNIVERSAL

No son muñecas de porcelana, ni tótems miniatura. Tampoco son Venus precolombinas, efigies egipcias o personajes escapados de un cómic japonés, menos aún son barbies versionadas. Las 56 piezas de la serie Idolillos y Fashion Victims _que expone hasta octubre Mariana Monteagudo en el Museo Alejandro Otero_ es todo eso junto y más.

La artista los ha llamado "idolillos multiculturales" porque representan esos pequeños seres de raza extraña y atemporal que parecieran descubiertos por un arqueólogo sin que pudieran ser identificados como de una cultura o una época. Pero lo único que ese arqueólogo imaginario podría identificar es que esas figuras son ídolos.

A Monteagudo le atrae ese carácter de idolatría que las personas le otorgan a efigies y cualquier personaje inanimado. Y define la idolatría y la veneración como una condición humana. Pero la artista no sólo se refiere a seres mitológicos o religiosos. Hay para ella ídolos en la tecnología, la moda, la publicidad, los juguetes o el espectáculo.

En cada una de las piezas se condensa un cúmulo de experiencias provenientes de las más variadas culturas. Por ello, la artista echa mano de los referentes más variados: el punk, las armaduras medievales, las momias egipcias, la Barbie, el manga japonés, la moda de alta factura. Para Monteagudo, cualquier influencia es bienvenida.

Como apasionada de las culturas _sean antiguas o recientes_ hurga en ellas para revivirlas, adaptarlas y darles un barniz contemporáneo: "Tengo una fascinación estética por todas las culturas".

Sensación agridulce

La dualidad es una de las intenciones de Monteagudo. En una primera mirada, la sala 6 del MAO concentra un ambiente tierno, infantil, ingenuo. Una vez adentro, es posible apreciar gestos faciales agresivos, miradas inquietantes. Ella lo define como un carácter "agridulce" que revela los dos lados de la moneda: "Nada es definitivo. Todo tiene un lado oscuro", asegura quien se ha propuesto mezclar lo temible y lo amable, la ternura y lo hostil; lo obvio y el misterio. El espectador experimentará inquietud y agrado a la vez; la búsqueda de lo ambiguo es una de las propuestas de esta artista nacida en 1976.

Al respecto, escribe Nelly Peñaranda de la Galería El Museo, de Bogotá: "La dualidad se hace fundamental; se traduce en la aparente rigidez e inmovilidad de los cuerpos frágiles (...); se oculta en la inquietante ternura que irradian las agresivas ausencias corporales y las desdibujadas expresiones faciales".

La artista realiza sus piezas en cerámica. Sin embargo, no se considera ceramista porque ella sólo usa la arcilla como un soporte para crear sus estatuillas. "El ceramista tiene un acercamiento con el material muy diferente al que puedo tener yo. Ellos se imaginan la pieza ya terminada porque lo tienen que planificar, saber cómo va a salir del horno. No planifiqué cómo iban a quedar. Si algo no me gusta cómo está quedando no tengo reparo en borrar y comenzar de nuevo. Es linda esa sorpresa: hay un diálogo con la pieza hasta que ella me diga hasta dónde quiere llegar".

Luego estas piezas son pintadas al frío, vestidas _con ropa o collages_ forradas, envueltas con fibras naturales y tatuadas. Un ejemplo de esta última es una muñeca forrada de papel de seda que la artista ha dibujado y que es una especie de tatuaje: "Admiro las culturas que tienen arraigados los oficios antiguos".

Víctimas del fashion

El tema en el culturalismo es infinito. Es un tema que se puede seguir explorando. quería trabajar con el tatuaje, es ancentral y actual, me parece un tema interesante.

La moda está en todas partes y estos ídolos no son una excepción. Hay coquetería en esos personajes femeninos. "Uno cree que la moda es trivial, ligera, pero no es tan así, de verdad nos influencia". Quizas de allí se desprenda la intención "fashion" de la obra.

La ironía está presente en este juego donde la autora critica sutilmente la idolatría a cualquier cosa pero a la vez quiere hacer de sus piezas unos ídolos que no existen. "Quien los quiera idolatrar, están ahí, lo pueden hacer".

Monteagudo realizó estudios en el Instituto Prodiseño de Caracas y en el Instituto Armando Reverón. Sus exposiciones individuales han llegado a Colombia, España, Aruba y Estados Unidos.