Manuel CALDERÓN

Publicado

“La caja vacía”

 

Galería 2do Piso
Julio 6 a Septiembre 1 de 2017



El concepto de orden parece estar relacionado con estructurar visuales que generalmente poseen una armonía geométrica. Muchas de estas se arraigan en la cotidianidad del individuo contemporáneo para instruir una serie de parámetros de los que a veces somos poco conscientes, llegando a depender de las estructuras de orden para la orientación y el sentido. Desde la infancia, las hojas cuadriculadas empiezan a servir de soporte a la linealidad de la escritura como una instrucción poco sutil que nos involucra en un mecanismo social fundado en esta misma composición geométrica rígida y repetitiva; la cuadrícula, imagen del orden por excelencia para el hombre. Horarios, cronogramas, calendarios, planos y mapas son algunas de las convenciones esquemáticas basadas en estructuras reticulares sobre las cuales se desarrolla la experiencia humana.

 
La complejidad del tiempo y el espacio en su perpetuidad e infinitud es comprendida en estos diagramas elementales que facilitan el habitar en una construcción artificial, producto absoluto de la razón. La ciudad es entonces el reflejo, la proyección de estos esquemas, de los límites fundamentales que se hacen visibles, el lugar donde la geometría se condensa en el espacio y la razón se hace concreta para domar lo evanescente. En este compendio de formas visuales e intelectuales que se ha formado a lo largo de la historia, habita el hombre, en una metrópoli deshumanizada, ordenada y construida para el ojo. Aquí, el cuerpo es sometido y el resto de sus sentidos están disminuidos en sus capacidades, aislados y contenidos por una rígida arquitectura retiniana que distancia y aísla al individuo a su lugar particular, reduce su existencia a la mínima fracción del espacio, a su celda individual, el espacio destinado a su existencia propia: la habitación.

 
En la reducción de los espacios de una ciudad densamente poblada, con suerte una persona podrá poseer un fragmento de espacio para sí mismo. En la gran retícula urbana llena de volúmenes tridimensionales regulares, la unidad mínima habitable, con toda seguridad corresponde a una forma de paralelepípedo rectangular: una caja. Este ridículo espacio individual urbano no sólo es el contenedor de la libertad y subjetividad sino quizá la base misma del entendimiento propio, de la construcción de sentido; el último reducto de la interioridad. “Incluso, más aún, un espacio arquitectónico encuadra, detiene, fortalece y concentra nuestros pensamientos e impide que se pierdan. Podemos soñar y sentir nuestro ser en el exterior pero necesitamos la geometría arquitectónica de una habitación para pensar con claridad. La geometría del pensamiento resuena en la geometría de la habitación.”

 
Habitar un espacio geométrico significaría entonces poseer un pensamiento con las mismas cualidades. El interior rectilíneo de una habitación subyugaría la existencia y le daría un posicionamiento en un mundo determinado por un espacio infinito y homogéneo, próximo a la definición euclidiana del espacio cual gran contenedor, un receptáculo cúbico. Significaría también habitar un espacio más cerca de lo matemático, perfectamente controlable. Por fortuna, esta definición de espacio resulta anticuada para la misma ciencia, pues tanto el espacio como el mundo poseen una complejidad mayor, tal que la razón no logra descifrar el total de los fenómenos de un mundo dinámico y en apariencia desordenado. No obstante, esta metáfora filosófica acerca del conocimiento, donde el hombre se interioriza y aísla para contemplar al mundo desde el interior de una habitación oscura es también útil para el proyecto expositivo La Caja Vacía.

 
El punto de partida de una reflexión alrededor de la cultura ocular centrista de occidente y como el artista ha estado relacionado tanto con la ciencia como con el pensamiento en distintos periodos históricos para influir en su curso. La claustrofóbica y contemporánea sensación de habitar una caja sin salida, da lugar para observar con detenimiento las imágenes que se proyectan y dan forma a la misma caja, y así, comprender la compleja estructura que hay alrededor para luego desdibujarla.

 
A través de las herramientas y artificios de un dibujante con formación académica, se hacen presentes elementos por apariencia obsoletos que han definido la imagen de esta compleja estructura a la que se atribuye el título de “realidad”. Son evidentes algunos lugares comunes entre la ciencia, la arquitectura y la pintura de la cultura occidental con referencias inmersas en el contenido de las obras presentes en esta exposición. Cajas oscuras o linternas mágicas, cajas de perspectiva, cuadrículas y ventanas, perspectivas y trampantojos; en su conjunto máquinas de dibujar, útiles para representar ese espacio objetivo e ilusorio, el mundo regido por apariencias y límites en un espacio simulado o artificial.

 
Manuel Calderón.

Obras

 

“Reticulas”

 

“Panopticos”


 

“Caja vacía”

 

Panorámicas