Sebastían DÁVILA

Publicado

“Monólogos”

 

Galería 1er Piso
Septiembre 13 a Octubre 18 de 2017


La diferencia entre una presentación y una representación reside en que la presentación es en sí misma y la representación es a nombre de otro, por esta razón es que las esculturas de Sebastián Dávila (Bogotá, 1981) no son maquetas de un espacio pensado en otra dimensión, su dimensión es la que presenta cada obra, y lo que asombra en ellas es que invitan al espectador a imaginarse dentro, experimentando las tensiones que surgen de los materiales, las sillas, las escaleras y las fundiciones de concreto que plantean interrogantes cuya respuesta permanece como una incógnita que cada observador resolverá de acuerdo con su imaginación.

 
El papel de las sillas es fundamental, no solo porque representan al habitante sino porque confieren escala a estos micro-universos y, precisamente, esta capacidad para manejar escala, proporción, medida y geometría, nos lleva a rastrear la formación de arquitecto que tiene Dávila. Todo inicia con la mirada educada para escoger los objetos, cuya fuerza expresiva los califica para ser fuente de una obra; puede ser un mueble de madera que luego fraccionará, o una caja de llaves oxidada cuya escala será subvertida, puede ser también una tabla con rayones y raspaduras que dejan ver los diversos colores de una vida accidentada y larga, que el artista re significa mediante intervenciones cuidadosamente calculadas para mantener el protagonismo de los materiales originales y constituir los micro-universos.

 
En el proceso de formación del artista cada paso deja huellas que el siguiente paso retoma y potencia. En este sentido, la capacidad compositiva de la imagen que Dávila desarrolló por varios años al fotografiar arquitectura en Barcelona y San Francisco, California, fue conformando un lenguaje con un mínimo de componentes que ahora se ve reflejado en el logro de espacios cargados de una fuerza expresiva que los convierte en lugares; lugares que dejan libre al espectador, para involucrarse y proponer un habitante hipotético, dentro de los mundos posibles que ofrece la ficción, en la cual el absurdo es lícito. Esto en palabras de Sebastián Dávila: “Creo que es difícil no meterse en la pieza y caminar, de una silla a la otra, del borde del espacio a la escalera que no va a ninguna parte y subir esa escalera, generar pequeñas narrativas irracionales. Son espacios en donde el absurdo es permitido, en donde el estar no está sujeto a una actividad racional.”

 
Rafael Vega

 

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