José Horacio Martínez

Publicado

José Horacio Martínez

1961, Buga – Colombia

Vive y trabaja en Cali.
 
josehoraciomartinez@gmail.com
www.josehoraciomartinez.com

Curriculum vitae

Estudios Realizados


1993-94 Maestro en Artes Plásticas. Escuela de Bellas Artes, Cali, Colombia.
1986-90 Artes Plásticas. Escuela de Bellas Artes, Cali, Colombia.
1979-83 Publicidad, Universidad Central, Cali, Colombia.
                Taller de Dibujo, Universidad Nacional, Bogotá, Colombia.



Exhibiciones Individuales


2011 Dibujos Nómadas. Galeria El Museo. Bogotá. Colombia
2010 Libretas: 1988-1992. Lugar a Dudas. Cali, Colombia.
2009 Desde este inmenso autobús. Galería El Museo. Bogotá, Colombia.
2007 De lo que existe ya no es necesario hablar. Museo de Arte Moderno La Tertulia, Cali, Colombia. Galería El Museo, Bogotá, Colombia.
           El vigilante. Obra Invitada. Casa de la Moneda. Biblioteca Luís Ángel Arango. Banco de la Republica, Bogotá, Colombia.
2004 Desde el jardín II. Galería El Museo, Bogotá, Colombia.
           Comida caliente. Espacio Temporal. Cali, Colombia.
2003 El vigilante. Museo de Arte Moderno La Tertulia, Cali, Colombia.
           Desde el jardín. Galería Jenny Vila, Cali, Colombia.
2001 Paseantes. Galería El Museo, Bogotá, Colombia.
1999 El Público. Galería El Museo, Bogotá, Colombia.
1998 Comida. Museo de Arte La Tertulia, Cali, Colombia. Galería El Museo, Bogotá, Colombia.
           Colombia. Galería Nina Menocal, México D.F, México.
1996 Comida. Museo de Arte Moderno La Tertulia, Cali, Colombia.
           Memorias de Infancia. Galería Valenzuela & Klenner, Bogotá, Colombia.
1993 Galería Valenzuela & Klenner, Bogotá, Colombia.
           Inauguración Casa Proartes. Cali, Colombia.
1990 Galería Valenzuela & Klenner, Bogotá, Colombia.



Exhibiciones Colectivas


2013 África en Antioquia. Museo de Antioquia. Medellin
2011 Cali: Fallas de Origen. Galería La Central. Bogotá, Colombia.
           Arte Americas 2011. Elixir fine Art. Miami. FL. USA.
           Art Naples fair 2011. Elixir Fine Art.Naples, FL. USA.
           Lenguajes de papel. Espacio 2. Bogotá, Colombia.
2010 Lenguajes de papel. Galeria Fernando Pradilla. Madrid, España.
           Visiones. Centro Colombo Americano. Sede Centro. Bogota D.C. Colombia.
           ArtBo 2010. Galería El Museo. Bogotá – Colombia.
2009 Subasta Conexión Colombia. Bogotá, Colombia.
           Pasado y Presente. Galería el Museo, Bogotá, Colombia.
           Fronteras. Rastros y rostros de la abstracción y la geometría en el arte contemporáneo. Galería El Museo, Bogotá, Colombia.
           Invitados. Galería El Museo, Bogotá, Colombia.
           VII encuentro Hemisférico de Performance. Sede Universidad Nacional. Artista invitado. Bogotá, Colombia.
2008 ArtBo 2008 Feria Internacional de Arte de Bogotá. Galería El Museo. Bogotá, Colombia.
           Feria Internacional de Arte Contemporáneo – ARCO’08. Galería El Museo. Madrid, España.
2007 A propósito del paisaje. Galería el Museo, Bogotá, Colombia.
           Dibujantes del siglo XX. Galería La Cometa, Bogotá, Colombia.
           Dibujos. Jenny Vila Galería. Cali, Colombia
2005 ArtBo 2005 Feria Internacional de Arte de Bogotá. Galería El Museo, Bogotá, Colombia.
2004 Cuestión de corazón. Fundación Hogar Nueva Granada, Galería El Museo, Bogotá, Colombia.
2003 Paralelos y meridianos. Biblioteca Gabriel Turbay, Bucaramanga, Colombia.
           Solidarte. Fundación Francia Solidaridad, Embajada de Francia. Galería El Museo, Bogotá, Colombia.
           Desplazamientos 90. Museo de Arte Moderno, Bogotá, Colombia.
2002 Galería El Museo, Bogotá, Colombia.
           De colección / Relatos de usos y abusos. Celarg, Caracas, Venezuela.
2001 Colombia Visible/Invisible. Galería Fernando Pradilla, Madrid, España.
           El Enigma de la Masculinidad. Museo de Arte Moderno, Cartagena, Colombia.
           Fragmentos de un video amoroso. Academia Superior de Artes de Bogotá, Asab, Bogotá, Colombia.
2000 El Espíritu y el Lugar. Centro Cultural Comfandi, Bogotá, Colombia.
           La Muerte. Museo de Arte Moderno La Tertulia, Cali, Colombia.
           XXXVIII Salón Nacional de Artistas. Museo de Arte Moderno La Tertulia, Cali, Colombia.
1999 Galería El Museo, Bogotá, Colombia.
1998 Algunos Dibujantes. Instituto Distrital de Cultura y Turismo IDCT, Planetario Distrital, Galería Santa Fe, Bogotá, Colombia.
           Pintura Colombiana de los 90’s. Banco Interamericano de Desarrollo BID, Ministerio de Cultura, Cartagena, Colombia.
           Rojo sobre Rojo. Programa Anual de Johnnie Walker en las Artes, Banco de la República, Biblioteca Luis Angel Arango, Casa de la Moneda, Bogotá,                     Colombia. Itinerante por diez Ciudades de Colombia Área Cultural del Banco del Estado, Popayán, Colombia.
           XXXVI Salón Nacional de Artistas. Ministerio de Cultura, Estación de la Sabana, Bogotá, Colombia.
           Pintura Colombiana. Museo de Arte Moderno La Tertulia, Cali, Colombia.
1997 Feria Internacional de Arte Contemporáneo – ARCO´97. Galería El Museo, Madrid, España.
           Feria Internacional de Arte Contemporáneo – EXPOARTE´97. Guadalajara, México.
           VI Salones Regionales de Artistas, Zona 5. Instituto Colombiano de Cultura (Colcultura), Pasto, Colombia.

1996 Feria Internacional de Arte Contemporáneo – ARCO´96. Galería El Museo, Madrid, España.
           Por mi Raza hablará el Espíritu. Intercambio cultural México-Colombia, Museo del Chopo, México DF. México; Biblioteca Luis Angel Arango, Bogotá,            Colombia.
           Pintura Joven Colombiana. Sevilla, España.
           Punto de Apoyo – Nueva Narrativa en el Arte Colombiano Contemporáneo. Exconvento del Carmen, Guadalajara, México; Colombian Center, Nueva York, USA;            Alcaldía de Toronto, Toronto, Canadá; Museo de Arte Moderno La Tertulia, Cali, Colombia.
           Feria Iberoamericana de Arte – FIA´96. Galería El Museo, Caracas, Venezuela.
           XXXV Salón Nacional de Artistas. Instituto Colombiano de Cultura (Colcultura), Corferias, Bogotá.
           Colombia Nueva Generación. Galería Camargo Vilaca, Sao Paulo, Brasil.
1995 Realismo Mágico. Galería Theorems, Bruselas, Bélgica; Estocolmo, Suiza; Galería Mead, Centro de Arte de la Universidad de Warwick, Coventry, Galería Concourse, Centro            Barbican, Londres, Inglaterra; Centro Cultural Melina Mercury, Atenas, Grecia.
1994 ART25´94. Galería Valenzuela & Klenner, Basilea, Suiza.
           Nuevas Adquisiciones. Museo de Arte Moderno La Tertulia, Cali, Colombia.
1992 Pintar no es una sola cosa. Banco de la República, Exposición de Itinerancia nacional.
           29 x 1992 x 14. Galería Valenzuela & Klenner, Bogotá, Colombia.
1991 Ocho Nuevos Artistas de Cali. Museo de Arte Moderno La Tertulia, Cali, Colombia.
           Prebienal de Cuenca en Colombia. Museo de Arte Contemporáneo MAC, Bogotá, Colombia.
           Cuatro Meditaciones sobre papel. Galería Valenzuela & Klenner, Bogotá, Colombia.
           Reflexiones Figurativas. Instituto Distrital de Cultura y Turismo IDCT, Planetario Distrital, Galería Santa Fe, Bogotá, Colombia.
           III Bienal Internacional de Pintura. Cuenca, Ecuador.
           Feria Internacional de Arte – FIART´91. Galería Valenzuela & Klenner, Bogotá.
1990 XXXIII Salón Nacional de Artistas. Instituto Colombiano de Cultura (Colcultura), Corferias, Bogotá, Colombia.
1989 Arte Ahora. Galería Jenni Vilá, Cali, Colombia.
1988 Exposición 10. Galería Ventana, Cali, Colombia.



Premios y distinciones


Director ESPACIO TEMPORAL 2010 Africali – Trabajo seleccionado para la portada de la biblioteca afrocolombiana
2007-2009 Miembro del Comité curatorial del 41 Salón Nacional de Artistas.
2000 Jurado de selección y premiación DE LOS SALONES REGIONALES IX,
2002 X y XI. Ministerio de Cultura. Colombia
2004
1998 Primer Premio. Pintura Colombiana de los 90. Banco Interamericano de Desarrollo BID, Ministerio de Cultura. Cartagena, Colombia.
1994 Primer Premio. XXXV Salón Nacional de Artistas. Instituto Colombiano de Cultura (Colcultura), Corferias, Bogotá, Colombia.
1991 Primer Premio. V Salones Regionales de Artistas. Instituto Colombiano de Cultura (Colcultura), Cámara de Comercio, Cali, Colombia.
           Premio. Universidad del Valle. Proyecto Urbano, Cali, Colombia.
1990 Mención de Honor. XXXIII Salón Nacional de Artistas. Instituto Colombiano de Cultura (Colcultura), Corferias, Bogotá.
           Seleccionado. Bienal Internacional de Pintura. Cuenca, Ecuador.



Colecciones Públicas


Banco Interamericano de Desarrollo – BID, Washington, USA
Museo de Arte Moderno La Tertulia, Cali, Colombia.
Biblioteca Luis Angel Arango del Banco de la República, Bogotá, Colombia.

Obra Disponible

Pintura


2015


2014


2013

“Atardecer en el pacifico”


“Geografias del calor”


“Desde el jardín”


2012


2010 – 2011


2009

“Desde este inmenso autobus”


2007 – 2008


2006

“Mirando pasar el rey”


2005


2004

“Desde el jardín”


2001

“Paseantes”


1999

“El publico”


1994 – 1996



Obra sobre papel


2011

“Dibujos Nomadas”


“Movimientos reales”


“Disturbios”


2009

Exposiciones

Galería 1er Piso
Noviembre 5 – 28 de 2015

“Travesias”

Textos

Desde este inmenso autobus

“El arte es una filosofía de la filosofía”, aseguró sin titubear el señor que cuida los carros frente a la casa. Su afirmación venía acompañada de una sonrisa maliciosa, socarrona y pícara. ¿El arte como pensamiento del pensamiento? ¿Cómo una existencia que cuestiona la existencia? ¿Cómo la vida vivida? Desde este inmenso autobús, José Horacio Martínez reflexiona sobre valores fundamentales de la existencia, la vida, el pensamiento y la imagen. Nos devela con descaro, nos evidencia sin pudor, nos confronta sin conmiseración a lo esencial de sus obras, no sólo a las de hoy, sino a las de siempre.

 
En un ejercicio que se asemeja al del arqueólogo, Martínez ha venido excavando sus procesos internos, sus vivencias, sus emociones, sus pensamientos y sus propias imágenes. Un proceso que se inicia desde finales de la década de 1990, con series como El Público, Paseantes y los Jardines, en donde las referencias temáticas se reducen para dar relevancia a los procesos de la construcción de la imagen, en donde se apropia de los medios digitales, sin dejar de lado la tradición y lo convencional. Cada una de las obras de estas series se convirtió en un enfrentamiento directo con el medio pictórico, en una capa de esa excavación personal e íntima, con el interés definido en llegar a esos momentos primordiales de la producción artística, en donde se develan esos momentos en los que se opera a partir de los instintos, de las emociones, de lo sensorial, de su inconsciente óptico producto de la experiencia de muchos años de ver y producir imágenes.

 
Para esta exposición, Martínez ha tomado distancia de sus recursos cromáticos tradicionales, de la efervescencia de sus colores entre tropicales y mediáticos, de la materialidad de sus obras. Ahora se exige un rigor inusitado al reducir su paleta al negro sobre el blanco, a partir de grafitos, carbones y tintas. Se exige una precisión de cirujano, ya que no hay ningún margen para el error, el titubeo, la corrección. Sus intervenciones sobre la superficie oscilan entre los largos tiempos de secado de las manchas que conforman las estructuras primigenias, azarosas y caóticas, los largos tiempos de reflexión y percepción de los estados iniciales de las obras, y la inmediatez de las acciones que definen las formas que habitan las superficies.

 
Cada elemento figurativo es producto de un instante fugaz, de la aprehensión significativa de elementos que se encuentran en ese espacio mágico e indeterminado dado entre el soporte material previamente intervenido y la mente del artista. Sus imágenes provienen de las reflexiones, sensaciones y emociones que lo invaden en los múltiples momentos en que actúa decididamente. José Horacio parece haber retomado la técnica de los artistas orientales. Su trabajo implica un contacto directo y constante con las superficies y los materiales, casi en actitudes meditativas. Las imágenes surgen de esa contemplación y de las decisiones primarias que acompañan sus trazos.

 
La fotografía tiene un papel importante en todo el proceso. Martínez ha hecho registro de personas y espacios de los lugares que ha recorrido durante los últimos años, en encuentros tanto furtivos como predeterminados. Además es un amante de lo visual. Colecciona entre sus papeles y en su mente, imágenes de la publicidad, de la historia del arte, de los medios de comunicación, de la red, en fin, de cuanto se atraviese delante de sus ojos. Este continuo y constante ejercicio ha dado como resultado un catálogo al cual acude continuamente. También, lo fotográfico se encuentra en su manera de proceder. El artista actúa con la celeridad y la precisión del dispositivo fotográfico. Su taller se convierte en una gigantesca cámara oscura, sus lienzos y papeles se asemejan a superficies emulsionadas, sobre los cuales José Horacio opera como una especie de catalizador, como agente revelador de imágenes sugerentes, sugestivas y evocadoras, que están en el límite entre la mimesis perfecta, lo icónico y lo fantasmagórico.

 
Presencia y ausencia se unen, como metáfora de lo real, de lo social, lo político y lo actual. En las obras de Martínez, lo evidente y literal le da paso a lo esencial, a lo simbólico y a lo significativo. La precisión de sus trazos, el contorno definido de algunas de sus figuras entran en crisis con lo indeterminado de sus espacios, con la desfiguración producto del azar, de la síntesis gráfica o del acto de borrar algunos elementos. Es así como, la producción de la imagen adquiere connotaciones más allá del hecho de representar. Al poner en crisis el estatuto de sus imágenes, su realidad y su esencia, las significaciones primigenias, la mimesis icónica, los imaginarios individuales y colectivos, se abren las puertas a nuevas posibilidades interpretativas, a reflexiones diversas sobre los temas esenciales y cotidianos, sobre las memorias y las vivencias, sin necesidad de recurrir a categorías predeterminadas, a prejuicios, juicios o valores morales.

 
Las imágenes aparecen dispuestas en posiciones inverosímiles, generando relaciones aleatorias y relaciones diferentes a las lógicas tradicionales. No hay un “adelante” o “atrás”, no hay un “arriba” o “abajo”. Cada forma habita su espacio, tiene un lugar. Sin embargo, proponen relaciones discursivas abiertas, a veces circulares, otras lineales. Son además improntas de algo que fue y que es, que sigue siendo y será, pero que ya no está. Son indicios o huellas que denotan una presencia ausente, que se desvanecen y que se diluyen, pero que vuelven a aparecer con el tiempo. A pesar de todo, están. Los personajes, las palabras y las cosas parecen flotar, levitar como si intentaran escapar del mundo material, que los retiene sutilmente por necesidad de la presencia. Son fantasmas que se hacen presentes en esa mínima materialidad, en esa micrométrica densidad de la superficie pictórica.

 
José Horacio Martínez nos sitúa desde el título de su exposición en la multiplicidad significativa, en una territorialidad localizada y a la vez extraña. De todos modos somos ínfimos transeúntes de una realidad que nos absorbe e invade sin que nos demos cuenta. Las imágenes nos colman a cada instante y al parecer sólo nos queda el juego libre de asociaciones aleatorias, de lecturas inverosímiles, de elucubraciones alógicas. Las vivencias y la memoria entran en una pugna constante, a veces se complementan otras veces se repelen, se cuestionan, se anulan. Lo real se desvanece. Los límites se reafirman como fronteras de territorios que se vuelven cada vez más indeterminados. ¿De qué lado del espejo estamos? Sólo percibimos el cristal como algo tangible, sólo hay una superficie reflexiva. Las obras de Martínez son eso y más. Son filosofía de la filosofía.

 
CARLOS FERNANDO QUINTERO VALENCIA

Al otro lado del Jardín de las delicias

La pintura en occidente, en términos generales, ha funcionado como un espejo, como la continuación del mundo que llamamos real. Desde el Renacimiento hasta el siglo XIX pareciera ser que toda la pintura estuviera subordinada a la idea del contínuo de espacio, con la perspectiva de punto de fuga como característica constructiva esencial y con la idea de cubo escénico, paralelo al mundo en que vivimos. La pintura siempre fue considerada como verdadera o real, o por lo menos esa era la pretensión de los artistas, que desde el sfumatto de Leonardo, pasando por las atmósferas y luces del barroco, hasta la representación de lo cotidiano, primero el ambiente aristocrático del Rococó y luego la cotidianidad de “a pie” del Realismo del XIX (“Buenos días señor Courbet”), buscaron siempre una mejor forma de representar la apariencia de lo verosímil.

 
No obstante, nuestro mundo y la percepción del mismo han cambiado de manera radical en el último siglo. Los avances tecnológicos en torno a las imágenes, la fotografía, luego el cine, hasta la realidad virtual, no solo nos generan otras posibilidades de enfrentarnos y percibir el mundo sino que además nos han cambiado el estamento verdadero y real de nuestras imágenes. El simulacro mediático genera en nosotros percepciones e imágenes cada vez más distorsionadas de nuestro contexto. Vivimos en un mundo que es un relato o una imagen o las dos al tiempo. Es así como, la guerra, acompañante sempiterna de nuestra especie, es algo aparentemente muy distante que podemos apreciar como un espectáculo televisivo o virtual, así ocurra muy cerca de nosotros. La experiencia directa de los fenómenos se distancia cada vez más y en ese sentido, nuestra realidad es más una proyección de imágenes. Esto se evidencia, sobre todo, en el auge de parques temáticos, donde una serie de artefactos y experiencias se acumulan para que podamos acercarnos al sentir. Los niños de hoy deben ir al museo de historia natural o a la granja-parque para conocer animales que hace muy pocos años eran parte del entorno, o enfrentarse al mar y darse cuenta que mide más de 20 pulgadas. Es, de alguna manera, redescubrir el mundo a partir de espectáculos o artefactos.

 
Y sin embargo, frente a la televisión o el computador sentimos. Es un sentir mediado, melodramático, programado, informado. Así como en la caverna platónica, sentimos y vivimos a partir de las sombras, en la oscuridad, atados a nuestras cómodas sillas, testigos mudos del continuo desfile de espectros. Esta experiencia se opone al sentir en términos de lo sensitivo fenomenológico, a una experiencia plena, cargada de sensaciones de diferente índole, donde prima lo visual sobre los demás sentidos. Igualmente es una anestesia. Se distancia de la emoción estética, espiritual o anímica. De nuestro cuerpo mediado solo quedarán los ojos y alguna extensión necesaria para la mínima interacción con la máquina. Y del espíritu…

 
Más que expresar, los “Jardines” de José Horacio Martínez generan una realidad pictórica en términos de un código preciso, que se dispone en un orden preestablecido y que responde a los intereses conceptuales del artista, y que, a su vez, se relacionan con el mundo en que vivimos. Si bien recurre al acontecimiento pictórico y por lo tanto afecta a diferentes dimensiones del sentir, es precisamente este el que se pone en cuestión. Martínez nos arroja al jardín, como en un acto contrario al de la divinidad creadora. Como una especie de “Jardín de las delicias” invertido, los jardines de José Horacio Martínez funcionan como el otro lado del espejo, donde el mundo que planteamos real sería una imagen construida, un reflejo y en donde la superficie del lienzo sería la evidencia del plano real. La pintura adquiere el estamento de verdad o de realidad por ser un reducto de lo material, por establecerse como una estructura y un fenómeno objetivo (tanto como objeto físico, así como eje central del sentir y del pensar). La posibilidad de ver, de sentir, palpar los accidentes propios del azaroso acto de pintar se oponen sustancialmente a la virtualidad de nuestro mundo. La materia pictórica está allí. Deviene en sí misma y se enfrenta a nosotros, a lo hipervisible tecnológico, a lo seudosensible de nuestro mundo inmaterial. Se establece entonces un acto extraño, una confrontación entre aquello que llamamos realidad y aquello que creemos ficticio. Los jardines son la estructura ideal de un mundo imperfecto, de un mundo cargado de sensaciones, cargado de vitalidad. Nos plantean una posibilidad de aproximarnos a ese mundo, para la mayoría de nosotros, cada vez más extraño. Nos permiten salirnos de la anestesia, del sin sentir de nuestra cotidiana mediatizada, informatizada y rutinaria y sumergirnos en lo sensual, en lo lúdrico.

 
En estas obras, rigurosa y delicadamente pintadas, José Horacio Martínez nos plantea un juego en donde el agrado y la seducción tienen un papel prominente. Con ellas no solo nos introducimos en un mundo cargado de sensaciones y emociones, con lo cual penetramos a ese lugar mítico que nos recuerda el origen y la protección (el jardín de nuestra tradición judeo cristiana), que, luego, se convierte en el sitio del cortejo, el juego erótico y sexual (del barroco o el rococó) o, también, en el refugio propicio para la meditación, el retiro o la huída (el jardín romántico), sino que además, nos confrontan con nuestra existencia, en un encuentro entre lo perenne y efímero, entre lo superficial y lo profundo. Así como en “El público” el espectador era el protagonista o en “Paseantes” las grandes superficies de pintura sintética lo integraban por su reflejo, los jardines involucran el espacio y el tiempo, en su estructura y su fenómeno.

 
Sin embargo no es el continuo espacial o temporal, no es la metáfora existencial. Es la confrontación, es la resistencia. José Horacio Martínez recompone desde el fragmento la totalidad. No es una verdad absoluta, única e indivisible. Es la suma de verdades y realidades, de experiencias, de sensaciones y emociones, donde el vacío se convierte en protagonista. Los “Jardines” de Martínez son un juego de probabilidades que remiten a lo azaroso, a lo incierto. La fragmentación y la recomposición de la totalidad nos evidencian el plano de la pintura, de manera similar a las trazas esgrafiadas de sus pinturas de los años 90. Estas trazas se magnifican hoy. Esos fragmentos se independizan y se establecen como unidades, que a su vez conforman nuevas totalidades, nuevas realidades y nuevas verdades, dependiendo del orden en que se ubiquen. Lo universal es ahora subjetivo y relativo, depende de cada uno de nosotros. Es el llamado a una nueva posición, a una nueva ética, propia de estos tiempos.

 
Carlos Fernando Quintero, 2004

De lo que existe ya no es necesario hablar

José Horacio Martínez es un semionauta, un artista que nos invita a recorrer los signos que contienen sus pinturas, universos cuya fuerza no se limita a la calidad plástica sino al caos y violencia de su contenido. Acercarse a sus lienzos es internarse en un
microcosmos concebido a partir de capas de información que van quedando veladas por nuevas yuxtaposiciones que dan origen a universos complejos donde algunos signos son opacos, anónimos o minúsculos ante lo infinito de un espacio que se agita cada vez con más violencia por los estallidos de información que Martínez desfoga en ellos.

 
En su obra la autoreferencialidad es innegable. El proceso de construcción de cada trabajo se somete a la liberación de sus más íntimas experiencias que no son otras que las verdaderas tensiones humanas: la vejez, la enfermedad, el dolor, la paternidad, la muerte y el amor, entre otras.

 
Tensiones que son consecuencia de la “incertidumbre”, que es para Martínez el principio fundamental que carga con vigor los formatos extensos de materia flotante que no tiene latitudes reconocibles más que la inmensidad del desconcierto, una dimensión en la cual es necesario entrar para develar e identificar los signos que se reparten por dentro o por fuera de los dos enigmáticos trazos circulares que abarcan la pintura, reflejo del tiempo infinito y de la relación de contrarios: positivo y negativo, ser y no ser, presencia y ausencia…

 
Como parte del gesto de los trazos aparece el aspecto performático acompañado de fuertes ejercicios corporales que suponen la relación del cuerpo con el formato, un enfrentamiento cuyo resultado va dejando encontrar las marcas para que surja la paradoja como producto de su intersección. Es en ese punto encuentro fundamental pensar el trabajo que expone actualmente José Horacio Martinez, una narrativa paradójica donde los contrarios se conocen, se encuentran, se combinan; el carboncillo que tienen una naturaleza etérea convive con la perpetuidad del óleo, los personajes minúsculos existen simultáneamente con los grandes, las letras de algún medio impreso quedan fijadas accidentalmente en el lienzo exactamente en una sección que acentúa el dramatismo de la composición mientras esos enormes gestos circulares con sus significados legendarios, nos abren la posibilidad de una experiencia casi mística dentro de cada universo.

 
Acercarse, observar, experimentar y vivir serían las cuatro acciones más oportunas en la exposición de José Horacio Martínez porque la contemplación desprevenida y las miradas desatendidas resultarían ineficientes en la penetración de un espacio y tiempo insospechado, dramático y violento ofrecido a la percepción y manipulación de un espectador curioso y atento.

 
Francesca Bellini Joseph

Dibujos Nómadas

Me han interesado desde hace mucho tiempo, las vibrantes acuarelas de Ramón Torres Méndez, realizadas para la comisión corográfica durante el siglo XIX. En esos relatos de costumbres están presentes por primera vez en el arte colombiano registros de acontecimientos populares que podríamos calificar en algún momento de anecdóticos, pero que yo me atrevo a calificar de políticos por tratarse de lo popular en su momento histórico.

 
En las acuarelas que presento se dibujaron imágenes fotográficas apropiadas de internet. En algunas de ellas, personajes públicos fueron captados por fotógrafos, en particulares circunstancias que los ligaban a movimientos extremos del cuerpo.

 
En las piezas dibujadas en tinta china, que llevan el título de esta exposición, he realizado dibujos automáticos sobre lienzo, que tienen una dirección descendente en su ejecución hasta lograr representaciones de seres que parecen flotar o venir volando de algún punto de los dibujos.

 
He intentado plantear la necesidad de un dibujo en permanente movimiento que me provea el hacer más dinámica y apasionante mi relación con el arte. Dibujar en los ochenta, era una actividad que se mantenía a distancia; el dibujo estaba un poco separado de la actividad pictórica, recordemos a Luis Caballero o a Pedro Alcántara que fueron reconocidos durante mucho tiempo como dibujantes.

 
Se censuraba en algunos círculos el dibujar con el color. Creo que la acción pictórica en algunas ocasiones consistía en rellenar con el color una composición o un dibujo tal y como tiene lugar en los libros infantiles para colorear. Me pareció que esa estrategia tenía mucho sentido aunque no estaba del todo clara para mí, pues mantenía divididos en segmentos algunos lugares para la experiencia pictórica. El problema de “abstracto o figurativo” no era asunto del que te pudieras escurrir fácilmente por aquellos días sin tomar partido por uno o por otro bando.

 
Este “asunto” que ya estaba solucionado en muchas latitudes aún surca la mente de muchos aficionados a la pintura.

 
JOSÉ HORACIO MARTÍNEZ