Alejandro OBREGÓN

Publicado

Galería 2do Piso
Octubre 18 a Noviembre 24 de 2018



Alejandro Obregón, hijo de madre española y padre colombiano, nace en Barcelona en 1920, donde reside hasta los seis años, cuando se traslada con su familia a Barranquilla. Luego de vivir en Inglaterra, España y Estados Unidos, regresa a Colombia en 1936 a trabajar en la fábrica textil familiar en Barranquilla y posteriormente como camionero en el Catatumbo. Es ahí cuando decide estudiar pintura y viaja a la Escuela del Museo de Bellas Artes de Boston. Allí pinta Invierno en Boston (1936), obra que ya evidencia la influencia vanguardista europea. De 1940 a 1944 regresa a su Barcelona natal como vicecónsul de Colombia. En 1944 se traslada a Bogotá, año en que participa en el V Salón Nacional de Artistas. Es ahí, y a lo largo de la siguiente década, que su obra se compone predominantemente de bodegones como Bodegón de la Calavera (1945), Tres Copas (1953) y Fruta Marina (1955), sin dejar de lado los paisajes más vanguardistas (Paisaje, ca.1945) de pincelada fuerte y decisiva. Rompiendo con el modo de representación tradicional, Obregón da un vuelco a la manera de pensar la pintura entre los artistas nacionales y abre paso a la pintura modernista.

 

 

Su obra temprana es influenciada por la tradición y las vanguardias europeas; desde el claroscuro de Francisco de Goya, hasta el juego de perspectivas de Paul Cézanne. En 1945, presenta su primera exposición individual en Bogotá y se establece en Barranquilla, donde empieza a alejarse de la tradición europea de la que venía arraigado. En 1947, creando un juego de planos y reflexionando sobre la bidimensionalidad de la tela en la pintura Pez Dorado, Obregón da paso a la experimentación pictórica; volviéndose ésta la primera obra modernista en el contexto colombiano. Desde estas representaciones estáticas y ligeramente distoricionadas de los bodegones en tonos ocres producidos en su época temprana, el artista atraviesa distintos periodos: empieza con la experimentación geométrica en 1947 y luego del Bogotazo su obra se compromete con la realidad nacional, adquiriendo su pintura una dimensión de denuncia, evidente en Masacre del 10 de abril (1948). En 1949 viaja a Europa con Sonia Osorio, su segunda esposa. Pasando por Francia, España e Italia, se establece en Alba-la-Romaine, donde, mediante la representación plana, incorpora aún más la geometrización y la estética cubista, esta vez dándole mayor valor al color a través de fuertes tonalidades.

 

 

A partir de su estadía en Francia y con la Mesa del Gólgota (ca.1952), Obregón incorpora un lenguaje simbólico que mantendrá vigente en su pintura posterior. Por medio de la representación de elementos como una corona de espinas, dos clavos sosteniendo un velo que cubre un cuerpo desgarrado y un aviso que lee INRI, el artista hace su interpretación de la crucifixión de Cristo. A través de símbolos identificables y de una composición cubista, esta pintura se convierte en un pivote de su carrera. En 1955, en la muestra en la Unión Panamericana de Washington, que tiene gran acogida y en la que se exponen obras producidas en su periodo francés como Tres Copas, Mesa del Gólgota es adquirida por el reverendo Robert Hunsicker para su colección privada en Nueva York y Alfred Barr, director del MoMA, compra Souvenir de Venecia (1954) para la colección del museo. Un año más tarde, la Mesa del Gólgota es premiada por su participación en la III Bienal Hispanoamericana de Barcelona, año en que Obregón se gana el primer puesto del Premio Guggenheim con Estudiante Muerto (1956) y participa en la Primera I Bienal de Arte del Caribe y del Golfo de México en Houston.

 

 

Al
regresar a Barranquilla en 1955, gracias a la influencia de Freda Sargent,
pintora inglesa que conoce un año antes en París y quien se convierte en su
tercera esposa, su obra cobra un aire de espontaneidad y su trazo se suelta más.
Allí hace parte del grupo de intelectuales de La Cueva, pinta varios murales y
retoma el contexto sociopolítico colombiano como parte de su obra. Al final de
los años cincuenta Obregón llega a su madurez artística, caracterizada por un
perfil americanista y por la representación simbolista a través de la fauna y
flora. Su trabajo empieza a comunicarse y a girar en torno a este nuevo
lenguaje alegórico: el toro español simboliza la fuerza, el instinto primario y
lo masculino; el cóndor colombiano, rey de los Andes, evidencia la libertad; el
pez habla del cristianismo, la flor de la ternura, el tabaco y el maíz de lo
regional.

 

 

En 1958, con su pintura Paisaje Para Un Cóndor, el maestro crea una ruptura en su trabajo: aproximándose por primera vez a la interpretación del paisaje andino deja de lado los bodegones y la precisión del trazo, para adentrarse en el informalismo pictórico.  Aparecen obras como Iguana (1960), las Barracudas (1962) y las Mojarras (1959), hasta llegar a su interés por la geografía vulnerable con sus manglares, donde refleja la fragilidad del ecosistema y su irreversible deterioro (Flor de Mangle, ca. 1961 y Manglar, 1962). Es entonces que presenta su visión idílica del paisaje: la naturaleza como una fuerza visual y vital. Con La Violencia (1962), ganadora del XIV Salón Nacional de Artistas, Obregón se posesiona como el artista más influyente en Colombia. En esta obra no sólo denuncia la situación política, sino que utiliza la simbología por medio de soluciones formales cromáticas provenientes del expresionismo abstracto americano, que incorporará en sus obras posteriores. Gracias a este reconocimiento, el año siguiente, representa a Colombia en la Bienal de San Pablo y en 1964 gana el primer premio en la Bienal Suramericana de Arte de Córdoba en Argentina.

 

 

A partir de 1965, Obregón empieza a jugar con el acrílico en sus pinturas, pues lo considera el medio pictórico del siglo XX, gracias a su secado rápido y a las transparencias que le permite; da muerte a los empastes al óleo para abrir paso a la yuxtaposición de planos de colores fuertes, reflexionando aún más en torno a la naturaleza. En 1965 pinta Jardín Barroco donde, a través de trazos sueltos y rápidos, y con una paleta cromática viva proveniente del entorno tropical, se convierte la flor en protagonista. La libertad que le proporciona el acrílico se evidencia en sus Ícaros (1967), serie con la que obtiene el Gran Premio Latinoamericano Francisco Matarazzo en la Bienal de San Pablo en el Brasil.

 

 

En 1968, cuando se traslada definitivamente a Cartagena, la obra de Obregón sufre su cambio más contundente con la transición definitiva del óleo al acrílico. Debido a los retos que le posaba el acrílico por su carácter plano, su obra se destaca por los colores llamativos y las pinceladas rápidas y decisivas, llevando la representación al roce con la abstracción. El artista regresa a los bodegones (Bodegón con flores, 1968), donde también denuncia los desastres ecológicos, a través de fuertes tonalidades y pinceladas expresivas y sugestivas que aparentan el movimiento de la representación proto abstracta. Allí, Obregón consolida la importancia de lo cotidiano en su pintura, manteniendo la simbología del paisaje colombiano, así como introduciendo la línea del firmamento que tanto le inspiró de Cartagena.

 

 

Su cúspide de abstracción la presenta en la II Bienal de Arte de Coltejer en Medellín en 1970 con su obra Sortilegio (1970), donde la composición y el gesto de la pintura predominan sobre el contenido. Durante estos años el maestro toma la figura humana como tema, en especial la mujer, con las pinturas de las Bachué (1974) y la pintura Tauro-Virgo (1978), donde refleja la dualidad entre lo femenino y lo masculino; el vigor y la fuerza del toro enfrentados a la delicadeza y timidez de la mujer. En los años ochenta, retoma las Barracudas y los Cóndores, y posteriormente pinta los Vientos, evidenciando no sólo la libertad simbólica de la representación, sino también la libertad del trazo de un artista consolidado. En 1990, con motivo de sus 70 años, el Museo de Arte Moderno de Bogotá organiza la exposición retrospectiva de su obra “Obregón. Cinco Décadas”, que se exhibe en México y posteriormente, en 1991, en Bogotá y Caracas. Para entonces, un tumor cerebral que va cegando progresivamente al artista, lleva a que sus últimas obras se tornen lúgubres y sean pintadas más desde la memoria que de la observación, como es el caso de Autorretrato con Diego (ca. 1992), obra que dejó inconclusa. Su salud decae rápidamente y Obregón fallece el 11 de abril de 1992 en Cartagena. Hoy, Alejandro Obregón es considerado como uno de los artistas más importantes del siglo XX a nivel nacional y latinoamericano. Sus planteamientos pictóricos innovaron en la tradición plástica, para introducir la modernidad en la escena artística colombiana, generando una gran influencia en los artistas de su generación y, en gran medida, en generaciones posteriores.