PINTURA INMORTAL

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March 20 – May 4, 2019

 

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La pintura es un acto de resistencia y persistencia que viene desde de los hipogeos de Tierradentro, las cuevas de Altamira y Lascaux o  los murales de Bonampak, las pinturas chinas y del Imperio Egipcio Antiguo; pasando por las ancestrales pinturas de Constantinopla, Roma, Pompeya,  India, los dibujos de los Navajos y las esculturas pintadas de los Olmecas, los monolitos de San Agustín, los Calima, Incas y los Mayas entre muchas  maravillosas culturas que apenas podemos reconocer en el tiempo. Su inmortalidad es parte del hombre y su esencia. Los monjes del medioevo iluminaron los exquisitos manuscritos de la Biblia y Libros de la Horas, otros han pintado en paredes y calles para atraer nuestra atención con sus potentes mensajes y así se han opuesto a la muerte.

 

Principiando el siglo XX, la pintura se convirtió en objeto de intensas discusiones y censura que, con sus validaciones y osadía, sentó las bases de lo que serían las vanguardias y el trazado para el arte hoy. A mediados del siglo pasado se llegó a decretar su muerte para dar paso a otros lenguajes más dinámicos. Muchos la lloraron y aún la lloran, y otros la defienden sin que ésta lo requiera o le interese. La pintura misma ha sobrevivido y sobrevivirá a todos los embates a los que se le someta a través de la historia. En los años noventa fue vista como una extensión decadente de una modernidad que acabó con todas las utopías. La pintura proscrita se camufla y resucita, evidenciando su fragilidad y desnudez sin ningún pudor, luego reaparece expandida, cada vez más dinámica y vital, libre de especulaciones y falsas expectativas.

 

En la actualidad, aunque las nuevas tecnologías ponen a disposición de los artistas un amplio repertorio de medios técnicos y materiales, el papel –en sus diversas variantes- ha sabido trascender su cualidad de soporte plástico para convertirse en protagonista esencial de la obra de arte. Si bien trabajar con papel no es algo nuevo, se ha revivido hasta ahora entre los artistas contemporáneos su uso como medio para expresar una idea.

 

La pintura, inmortal por su capacidad de reinvención y su permanente transmutación en cada generación de artistas, mujeres y hombres, ha sabido dejar en este lenguaje exquisito toda la inconmensurable dimensión del espíritu humano. Nada la detiene porque es eterna, siempre está expandiéndose y relacionándose con otras manifestaciones del arte y de la vida. Su paso ha sido un luminoso faro que guía el espíritu rebelde de quienes se han sobrepuesto a su condición mortal. La pintura que los pintores y pintoras han legado a través de los milenios son la herencia que propicia su eternidad.

 

En Colombia, al llegar la década de 1990, y como resultado del final de las utopías que cayeron junto con el muro de Berlín, la pintura parecía proscrita y desterrada de los escenarios nacionales del arte. Entonces buscó en su pasado nuevas rutas, instalándose en la posmodernidad para continuar con su vigencia. Los artistas tomaron posiciones más críticas y los pintores, que cada vez eran menos, aprovecharon para aligerar cargas despojándose del estilo y despreocupándose de la figura del héroe plástico.

 

Pintar hoy es tarea difícil, requiere de disciplina y pasión, conocimiento y dedicación, sorpresa y fascinación, crítica e ironía; es un tiempo distinto el de los artistas que hablan desde la pintura. Desconocemos el poder expansivo de una fuerza que está ligada a la vida de los que la ejecutan y se acercan a vivir, siempre intentando y buscando en ella. Mirar pintura también es difícil porque es mirar más allá de las apariencias para concentrarse en un movimiento distinto. Observar la pintura requiere de tiempo y dedicación, es ser capaz de diseccionar interpretar, reconstruir, destruir y entregarse a lo inexplicable, lejos del afán de novedad e inmediatez de lo superficial.

 

Hoy la pintura se expande ilimitadamente en múltiples asociaciones: ligada al video, a la gráfica, a la infografía, a las publicaciones, ligada a la escultura y a la instalación; a la escultura como parte de lo performativo. Escéptica como parte de su propia destrucción o auto infringiéndose castigo, emitiendo signos de rechazo y negación como una anomalía en su organismo, ahora la pintura se reinventa eternamente inmortal.

 

Con su actitud y respuesta ante la vida y la obra, el artista pintor hoy ya no se define sólo por la habilidad en el manejo de lo técnico o su destreza, sino por su capacidad de hacer visible lo invisible.

José Horacio Martínez