SEBASTIÁN DÁVILA

CONTRATIEMPOS: MÉTODO PARA PREDECIR LO INEVITABLE

MAYO 26 –  JULIO  9  |  2022

El tiempo ha perdido su carácter de unicidad. En cada lugar el tiempo tiene un ritmo diferente, un distinto transitar. Las cosas del mundo trenzan danzas a ritmos diversos. No hay un solo tiempo: hay muchísimos.

Carlo Rovelli

Si hay algo que resulta vital en este proyecto expositivo de Sebastián Dávila son las preguntas incisivas (no explícitas) que él mismo se está haciendo, con sus procesos estéticos, sobre el fenómeno “tiempo”; sus intereses vienen del estudio de las teorías que la ciencia y la física han constituido sobre las formas en que experimentamos el tiempo y los misterios que aún engendra como entidad que constituye el universo. Con un trabajo escultórico conformado por piezas modulares y hechas en concreto, Sebastián Dávila reflexiona con la materia sobre la naturaleza de lo temporal y las formas en que ha sido sistematizado para la contabilidad de nuestro propio tiempo: el de la vida. Nada más inasible que el tiempo, pero a su vez nada más evidente que sus efectos en la materialidad del mundo y lo que es mejor, nada más excitante que su carácter continúo: los cuerpos humanos son finitos, el tiempo no. Estas y otras premisas han fascinado al artista, sobre todo la persistencia de la física por intentar explicar los comportamientos del tiempo en términos de orden, de ahí que no sea gratuita la construcción modular de las piezas y su condición instalativa, Dávila nos introduce en un sistema tan organizado como laberíntico, nos invita a recorrer con sus obras el misterio que lo tiene absorto.

Una de las obsesiones del artista en el desarrollo de este proyecto, fue el estudio de la entropía como fenómeno físico que está asociado con el desorden, justo porque la entropía es una función que calcula las posibilidades de caos dentro de un sistema en determinadas condiciones: en física, la entropía es la magnitud termodinámica que indica el grado de desorden molecular de un sistema. De alguna manera, la fijación humana en el orden, parece hacernos olvidar de los factores que producen inestabilidad dentro de un sistema o estructura y – que por eso mismo – habilitan “otras formas del orden”; la mirada del artista, en este caso particular, está puesta en la “improbabilidad de deshacer el tiempo”, es decir, de deshacernos de esa característica intrínseca que lo hace avanzar hacía adelante como condición irreversible, una complejidad no menor que suscita cuestionamientos sobre la linealidad pasado-presente- futuro: “lo que entendemos como presente, no es más que una ilusión generada por la corta distancia que tenemos entre el suceso y nuestro propio cuerpo”, expresa Dávila sobre sus disertaciones para esta exposición. Pareciera que justamente la fijación del artista en la entropía le fuera útil para “indicar el grado de desorden posible en el sistema tiempo”, es decir, Dávila nos está diciendo cosas sobre el estado inconsistente del tiempo, sobre su circularidad, incluso sobre su posible estado fragmentario: nos está confrontando con la complejidad de “la entidad tiempo”, con ese entramado de interrelaciones que no es estático, sino por el contrario, puro movimiento; justamente porque el movimiento de las partículas que constituyen el universo es irregular.

Lo que hace acontecer los eventos del mundo, lo que escribe la historia del mundo, es el irresistible mezclarse de todas las cosas, que va de las escasas configuraciones ordenadas a las innumerables configuraciones desordenadas. El universo entero es como una montaña que se derrumba poco a poco. Como una estructura que se va disgregando gradualmente. (Rovelli, C.2018, p. 124)

Dávila, con sus esculturas frías y grisáceas, nos devuelve a un espacio donde es el vacío el que da sentido al todo, eso intangible que está entre los módulos de concreto y que configura cada obra, habilita su facultad de transformación, nada es estable en ese orden, todo está apenas puesto (es puro fragmento), casi a punto de caer. Y esa tensión entre el orden y la probabilidad – así sea minúscula – de un desajuste, producido por un movimiento o por otro cuerpo, encarna la naturaleza misma del tiempo, de ese corpus invisible que tanto deseamos hacer imagen para “verlo” y en consecuencia comprenderlo, asirlo. Los módulos escultóricos construidos por el artista sueltan el polvo del material que los constituye (su polvo-esencia, partículas) se va “disgregando” como en la metáfora del universo   que propone Rovelli.

En ´Contratiempos´ nos sumergimos como espectadores en un juego de probabilidades, los módulos grises de concreto están puestos unos sobre otros y/o unos al lado de los otros, la experiencia de percepción está determinada por el punto de vista desde el cual se observen las obras. Recorremos con la mirada las figuras geométricas que consolidan las esculturas, pero también con nuestros cuerpos, trazamos unas coreografías en temporalidades indistintas, nadie se acerca a una exposición de la misma manera ni durante la misma cantidad de tiempo, cada visitante erige una probabilidad de recorrido y – de manera imperceptible – ahí en el espacio, se configura un entramado de tiempos individuales que levanta una imagen de temporalidades múltiples. Como un hecho indiscutible, Dávila excita nuestra imaginación: esas formas podrían caer y fragmentarse en pedazos; sin embargo, permanecen intactas, pero es justo esa contingencia de caos la que nos causa fascinación. Dávila crea una ficción en la que un “contratiempo” podría predecir lo inevitable; es decir, nos lanza hacía un absurdo para hacernos conscientes de lo laberíntico que encarna el tiempo mismo y de lo poco que sabemos al respecto.

Las preguntas de Dávila no sólo apuntaron a lo filosófico, sino que también se volcaron a las sensaciones más humanas como la incertidumbre, la expectativa de vida, la ansiedad o el miedo; todas sensaciones que atraviesan los cuerpos de manera voluntariosa y que precisamente trastocan la experiencia más íntima del paso del tiempo o incluso la ficción de que este se ha detenido. La apuesta del artista es poner en escena esa complejidad que engendra lo que nos hace finitos y en consecuencia todos los interrogantes que eso suscita. Pero las disertaciones que abre Sebastián Dávila no responden a una mirada apocalíptica sino a incitar reflexiones acerca de lo que “da sentido” a la existencia; su proyecto nos enuncia que somos procesos, acontecimientos siendo en un tiempo y un espacio.

Sebastián Dávila (Bogotá, 1981) estudió tres años de Arquitectura hasta que se dedicó de lleno a explorar la fotografía y a la escultura, campos en los que relaciona la escala humana con el espacio. En 2009 recibió la mención honorable de los International Photography Awards, y al año siguiente, como ganador de la convocatoria Distrital Premios y estímulos, presentó una exposición individual en la Galería Santa Fe, en Bogotá. Su trabajo ha estado nominado al Premio Kubik ArtBo, al Premio Mesoamérica al Arte y al Premio Oma al Arte. Su obra se ha presentado en diferentes escenarios nacionales e internacionales.

Por Érika Martínez Cuervo