MANUEL HERNÁNDEZ

«REFLEXIONES EN LA INTIMIDAD DEL TALLER»

MAYO 30  AL 6  DE JULIO  |  2024

Las múltiples variantes que Manuel Hernández le ofreció al signo que caracteriza su exploración evidencian siempre a un creador sereno con una franca y profunda conexión espiritual. Sobre ella se expresó ampliamente y con poderío gracias a su desempeño maestro en el dibujo y en la pintura principalmente.

Este artista perteneció a una de las últimas generaciones que se formaron en escuelas de bellas artes, lo que orientó su férrea convicción en la excelencia en los oficios que apoyan a la creación estética. No obstante, es de agregar que el excepcional conocimiento de los medios que se advierte en el trabajo de este artista se fundó también en un apasionado estudio de la historia del arte, campo que nutrió en sus recorridos por distintas ciudades y países del mundo. Hernández fue alumno de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Colombia, de la Escuela de Bellas Artes de Santiago de Chile, de la Escuela de Bellas Artes de Roma y del Art Student League de Nueva York.

La fe en la investigación y en el conocimiento que mantuvo la trayectoria creativa del artista hizo de él un fervoroso creyente en el valor de la educación. Por esa razón se entregó con generosidad a formar a los más jóvenes, principalmente en la Universidad Nacional de Colombia (Bogotá) y en la Escuela de Bellas Artes de Ibagué, institución de la que también fue director. Mientras habitó en Chile formó parte de las agrupaciones Nueva Generación y Taller 9, en tanto que creyó en la necesidad de trabajar para hacer reconocer otras miradas y en el valor de ahondar en el territorio de las expresiones abstractas. De allí también que su entrega al mundo artístico fuera siempre intensa y bien dispuesta.

Los estudios de taller en los que enfatiza esta muestra revelan la incesante búsqueda que sustenta a las conclusiones que Hernández llevó a cada una de sus pinturas y esculturas. Si bien determinadas formas identifican de manera cierta a este artista, ellas se mueven en un vasto universo cromático y compositivo en el que hay un sustrato natural, geométrico y cultural activo.

El artista fue tan estudioso como contemplativo. En las dos disciplinas fundó los discernimientos que lo hicieron apreciar tanto al mundo que se manifiesta en forma concreta como al que vaga en lo que se denomina vacío o atmósfera. Lo que el artista integró en cada resultado formal es por lo mismo inefable: es la imagen la única responsable de despertar en el espectador los sentimientos que lo conecten de manera multidimensional al infinito al que pertenece.

En ese infinito interactúan las incontables formas en que se expresa la vida en los aspectos natural y cultural. Las propuestas de Manuel Hérnandez reúnen conocimiento floral, animal, paisajístico, cósmico y humano, como observaciones atentas a la creación textil, a la arquitectura, a la literatura, a la música, a las disciplinas que se denominan exactas y también a las que se bautizan inexactas. El afecto por la vida que tuvo el artista reunió tanto como alcanzó a observar con su mirada inteligente y de magnánima bondad. Sus polifacéticas estrategias para estructurar el espacio son también versiones de las incalculables maneras en que se pueden generar formas armónicas y pacíficas.

Son muchas las fuentes que alimentaron la comprensión de Manuel Hernández, pero entre ellas destacan dos grandes artistas de las Américas: Roberto Matta y Mark Rothko. De cada uno extrajo lecciones de amor por la herencia, por el contexto, por el espíritu humano y por el del momento presente, así como fuerza para recorrer con integridad un camino propio a pesar del peso que pudieran significar las tendencias o los llamados grupales. Como Roberto Matta y como Mark Rothko, Manuel Hernández generó un universo que lleva su nombre y que amplía las fronteras de la comprensión y de la sensibilización humana.


María A. Iovino Moscarella
Curadora