Abril 14 a mayo 13 | 2016

Lina Sinisterra «El Silencio Del Color»

Galería 1er Piso

Abril 14 a Mayo 13 de 2016

 

El presente trabajo de Lina Sinisterra intenta eludir y significar a la vez el efecto paralizante de los lugares comunes de la expresión del pintor mediante la auto imposición de reglas de juego muy precisas que terminan por construirse en parámetros de procedimientos pictórico (*del texto de Gonzalo Díaz).
Me propuse en la representación de las ruedas cromáticas y los pantones de color -que tienen como referencia los artistas visuales-, a hacer una investigación seria sobre el color, se puede decir que una investigación formal y académica. Pero en la búsqueda de la obediencia encontré una evasión en el color gris que deja ver la pasión por el proceso del arte en tensión con las imágenes geométricas y ordenadas que supone la escuela formalista.

María Cristina Córtes «Desmadre»

Galería 2do Piso

Abril 14 a Mayo 13 de 2016

 

Desde los inicios de su trabajo, María Cristina Cortés ha tratado el tema del paisaje y de un tiempo atrás ha abordado la destrucción de la naturaleza a manos del hombre. Ya en Chambas (1998 – 2001), se veían en sus pinturas objetos flotando en aguas a veces turbias y contaminadas. En trabajos más recientes como Rastrojal (2008) y Quebrantos (2010), han aparecido chamizos secos y troncos calcinados.
Algo que ha caracterizado a su trabajo es una experimentación constante, tanto en los ángulos que adopta para mirar y componer, como en los recursos técnicos que utiliza que la han llevado al collage y a la inserción del blanco y negro, donde antes prevalecía el color. Por esos cambios, cuando me dirigía a su taller para escribir esta nota, no sabía con qué clase de paisaje me iba a encontrar.

Sebastián Camacho «Capas»

Espacio Proyectos

Abril 14 a Mayo 13 de 2016

 

Desde la invención del libro encuadernado ha existido un pensamiento en capas: para poder acceder a la información que se supone continua, hay que pasar cada una de las hojas, una tras otra, para generar una imagen completa que está diseminada en cada página. A diferencia del papiro, que implica una continuidad de la lectura hacia la derecha o hacia la izquierda en el rollo, el libro conserva una unidad en cada hoja que, no obstante, carecería de sentido total sin sus parientes. O mejor, la parcialidad de cada una de las hojas en relación al relato como totalidad nos hace pensar que una página de un libro siempre es a la vez fragmento y totalidad, depende de cómo se lea. En los últimos años esa situación ha cambiado radicalmente con la invención del internet porque se transformaron las formas de lectura que también funcionan por capas de información pero de forma discontinua que depende de la relación que el usuario tiene con la plataforma.