JORGE CABIESES
LA IMAGEN INTERCEPTADA
JUNIO 11 AL 18 DE JULIO | 2026
Como un lugar dispuesto para la conmoción de la mirada, esta pintura polifónica que se abre y desborda, deslizada entre el surgimiento de las imágenes y su historia, siempre he pensado en la inquietud distraída de Paul Klee contemplando algunas pinturas de Jorge Cabieses (Lima, 1971). Sucede frente a diversos ciclos que ahora contemplamos en la Galería El Museo. Delicados linos de alma sígnica y danza angular como monumentos en un país fértil, por decirlo al modo de Klee, pues aquellas pinturas semejaban surgidas desde la fuerza de la necesidad interior que tan bien supo ver Pierre Boulez, al tiempo compartida esa conmoción de la mirada que, frente a las obras de Cabieses, hace que esta se desplace errante, movida hacia adelante y atrás, de un plano a otro observando convergencias o divergencias mas embargada al compartir tal audacia contemplativa quien presencia. Pues valga aquí entonces el verso de Eliot: cada pintura de Cabieses es una aventura sin fin, emersión de visiones en el desarrollo de un nuevo comenzar un viaje donde resuena la tensión de lo real. Como aquella música del origen de los tiempos, Cabieses no padece éxtasis ni pérdida de los sentidos, sino que más bien incansado reflexiona y pinta mientras ve todo esto despierto, tanto de día como de noche. De este modo su pintura, estrella danzante que viaja indeleblemente por la memoria visual de nuestro tiempo, parece remitirnos hacia esa presencia ausente que otrora llamaban lo sagrado, el viaje de los grandes artistas entre el sufrimiento y el deseo.
Es el anhelo de las imágenes en espera, que proponen el surgimiento de una extensión completamente distinta a la del cuadro tradicional, de tal forma que construye sus pinturas tentando una dimensión otra del espacio visual, evocando a aquellos artistas buscadores de la dimensión perdida del espacio, una prolongación de un territorio cerca y lejos de la pintura, pues -tal sucede en la obra de Duchamp- hay en el pintor de Lima una parte de desecho apariencial de las formas y otra parte de construcción formal rigurosa, siendo cada una de ellas imprescindible portadora de distintos tipos de infinitud.
Inmemorial esta exposición con la que tienta Cabieses penetrar en la realidad profunda que nos rodea, aquello que aquí queda lejano mas reverberante en el exilio de los márgenes. Estos instantes de memoria e invención, errancias allende las formas conocidas. Contemplándolas, he recordado aquello que contaba Beckett: el mundo está dividido entre quienes buscan y aquellos que han renunciado a buscar. En su ser esta reserva de ensoñación como quien pinta inmerso en un campo de tensiones, entre el movimiento de las sombras visibles y un vacío habitante, como una experiencia mística, tales destellos, caminante en la penumbra por senderos suspendidos y, en torno, el murmullo de lo indiscernible. Tal quien escuchó otra voz, llegada de allende, un lejano lugar.
ALFONSO DE LA TORRE
Curador
OBRAS
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