Dalita NAVARRO

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“Viaje al corazón de la arcilla”

 

Espacio Proyectos
Mayo 9 a Junio 30 de 2018


La ceramista Dalita Navarro confiesa con realismo que quiere volver a lo elemental, a lo más primitivo, sencillo y genuino, por ejemplo, disfrutar con la forma de un tazón o con el breve contenido del cuenco de la mano, formas o vasijas que guardan recuerdos. Porque el cuenco puede ofrecer líquidos que dan dulzura y placer; también dan ebriedad y amargura. En fin, cuencos de agua quitan la sed y dan plenitud al ser.

 
Y esas piezas cardiales -milenarias en sus recuerdos de siglos, de años, de días, de horas- tienen siempre en sí mismas la forma del corazón que rescatan las manos de Dalita de la hondura de los sentimientos, de las tristezas y las alegrías; de los grabados sutiles que tiene la tierna piel de la arcilla y sus formas expresivas de corazón.

 
Desde tiempos memorables los seres con memoria sienten dentro de sí mismos palpitaciones, a las cuales en la profundidad de los siglos dieron nombres diferentes, hasta cuando los griegos aplicaron el apelativo de kardia, que en español quiere decir corazón.

 
De los dolores de la tierra, del cielo y del mar; del llanto de las pasiones que producen el corazón y sus colaboradores esenciales; lo mismo que de las enfermedades que causan y de la arcilla que las expresa; de las esperanzas y las desolaciones; de las devastaciones y de las alegrías que fluyen de ese manantial, de eso trata la presente exposición. En ella resuenan los ecos de canciones sollozantes como aquella “dónde estás corazón, / no oigo tu palpitar”, o también “soy enterrador/ y vengo/ de enterrar mi corazón”. O la canción del exilio, “cuando salí de Cuba/ dejé enterrado mi corazón”.

 
Porque, en efecto, el recorrido del corazón se identifica con la historia de alegrías y sufrimientos del ser humano, que lo transporta o que es transportado por ese corazón. Todo hacedor de belleza es un pequeño dios: por esa belleza pueblos enteros han ido a la guerra, como lo hicieran los griegos según cuenta Homero en “La Ilíada”. Por lo mismo, lo que los médicos hicieron siempre fue tratar de descubrir las relaciones existentes entre el corazón y las creaciones mágicas del pintor, o del poeta, o del músico, inspiradas por el corazón. “En el corazón tenía/la espina de una pasión/ – escribió el poeta Antonio Machado-; logré arrancármela un día/ ya no siento el corazón/. /Aguda espina dorada, / quién te pudiera sentir/ en el corazón, clavada/”.

 
En definitiva, desde el neolítico, nada tan cerca del corazón como la cerámica, habitante de cuevas silenciosas y susurrando las canciones de amor de los trovadores, por el Mediterráneo hasta Altamira en las costas altas del norte de la península ibérica. Para embarcar más tarde en busca de mundos desconocidos y anclar en el corazón de los poetas americanos. Y decir con Neruda: “Mi corazón la busca / y ella no está conmigo”. Y para cantar con “Sur”, el tango inolvidable: “… Un perfume de yuyos y de alfalfas/ que me llena de nuevo el corazón”.

 
Tejedoras del barro, las manos de Dalita devuelven todo entero el corazón. ¡En su completud! En su integridad! En su inspiración! Es un deleite el espectáculo de su creatividad. Los dioses de la belleza son inmensamente generosos.

 
Belisario Betancur

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