Su trabajo se caracteriza por establecer relaciones entre la concepción del espacio, el emplazamiento, el paisaje, la arquitectura y los sistemas constructivos, indagando la relación existente entre las materialidades y su arraigada vinculación con algunos procesos tanto artesanales como tecnológicos.
Los procesos de investigación que desarrolla apuntan a la construcción visual de modelos o sistemas de comprensión del contexto o coyunturas que nos rodean, ya sea desde sus experiencias personales o de los contextos públicos y sociales.
TEXTOS
El edificio en el que vivo es habitado a su vez por muchísima gente. Son 120 departamentos repartidos en 21 pisos, calculo que debemos ser unas 240 personas. Cada uno de mis vecinos tiene la capacidad de hacerme deducir imaginativamente (probablemente de manera muy poco precisa) las maneras de su intimidad: la forma en la que decoran los espacios que habitan (que por lo demás son proporcionalmente equivalentes al propio espacio que yo mismo habito), sus costumbres, sus rutinas, sus gustos, en fin, las cualidades de sus subjetividades individuales. De todos mis vecinos y los correlatos que sus cuerpos me evocan, solo de uno sospecho cosas terribles. La fantasía que no puedo evitar retratar en mi cabeza cada vez que lo veo es sórdida. Imagino su intimidad como la de un psicópata. Veo sus habitaciones como espacios oscuros con paredes amarillentas, estantes llenos de libros viejos, recortes de diarios tapizando los muros, objetos perversos. A veces me descubro a mi mismo asumiendo que solo es cuestión de tiempo, que cualquier día van a descubrir un cadáver con el que convive o sus manuscritos apocalípticos y sus planes de dominación del mundo. Lo que compone mi sospecha es la presunción de una anomalía, o de un posible atentado a, lo que para mí constituye una saludable noción de lo que es normal. En un contexto de realidad, la sospecha incomoda, no así en relación al arte. El arte es, de alguna forma, un campo en donde la sospecha está domesticada y trabaja en función de la inquietud y por tanto propicia la reflexión
Con ocasión de “Lo he Pensado Muchas Veces (Otra Vez)” de Cristián Salineros, lo que nos encontraremos en Galería Tajamar, es un personaje del que lo único que podemos ver, por debajo de una nube de muñecos inflables, son sus piernas y una mano que se asoma empuñando una pistola. Este personaje que ya se había alojado en la galería 713 Arte Contemporáneo de la ciudad de Buenos Aires ahora está armado. En esa oportunidad también escribí un texto apropósito de esta escultura, solo que ahora los relatos fantasiosos que me despierta son opuestos. Si antes todo fue alegría, ahora el personaje me hace deducir situaciones de perturbación y una violencia inminente. Su pistola termina por configurarme a un sujeto desesperado y desesperanzado aun teniendo su torso sumergido en la colorida nube. Debo confesar que he disfrutado mucho de la situación particular de espectador en la que Salineros me pone respecto de esta pieza en particular apropósito de los textos que me ha encargado. Yo no sé muy bien que es lo que opina él, pero desde mi posición, he visto dos momentos en la historia de este personaje que se mueve lento y los leo como viñetas en un comic. El relato de un hombre (aparentemente) feliz que ahora saca una pistola.
Quedo expectante a que me llame nuevamente para que me cuente del tercer gesto de este personaje que aún no descifro pero del que sospecho. Sospecho de él algo muy similar a lo que presumo de mi vecino y curiosamente siento que el desarrollo de ambas historias quedan hoy indisolublemente vinculadas. Probablemente sean la misma persona.
JAVIER GONZÁLEZ PESCE