Pilar APARICIO

Publicado

«A cielo Abierto»

Galería 2do Piso
Septiembre 12 – Octubre 19, 2019

El paisaje es un poderoso artificio de la mirada. Su nacimiento como género transpuso las formas insurrectas y móviles de la naturaleza, a una serie de extraordinarias reglas de construcción fijas, basadas en una compresión lógica de la visión. El paisaje es un modo de abordar y dominar la naturaleza mediante un ejercicio colonizador de la mirada. Sus estáticos y bucólicos arquetipos, −centenariamente usados y reusados−, se nos presentan hoy como una condición que nos convierte en testigos impotentes de la aniquilación de la naturaleza. Como han cambiado, y con ella, de las maneras que teníamos de experimentarla, entre ellas, por supuesto, el paisaje; las prístinas imágenes de la representación de la naturaleza se mantienen incólumes, mientras que a nuestro alrededor es obrado un desdibujamiento feroz de la tierra.

 

¿Cómo aparece un paisaje hoy? ¿Bajo qué leyes se construye? A través de Google Earth, Pilar Aparicio recorre los paisajes topográficos de la Sabana de Bogotá, registrando los cambios que la minería a cielo abierto causa en los terrenos. Paisaje, no es aquí, un elemento natural, primigenio. Es la maquinaria de su saqueo, de su teñido con nuevas paletas de colores que provienen de una permanente alteración de los equilibrios orgánicos, a través de la usurpación de las formas de la tierra. Esta aproximación a la imagen de paisaje está situada en el problema de las reglas de construcción de una imagen de la naturaleza: ¿Color? ¿Perspectiva? ¿Horizonte? Aparicio ha estudiado a los pintores de la Escuela de la Sabana , buscando en sus procesos, comprender cuáles son los referentes desde lo que hemos generado una noción del paisaje local, y cómo estas nociones, hoy se desollan a la luz de la violencia del saqueo de sus sustancias. Los pintores de la escuela de la Sabana buscaban lo sublime. A partir de ello, Aparicio establece un paralelo con la contemporaneidad, frente a lo cual enuncia: “en la posmodernidad esta idea de lo «sublime» es evocada a través de la devastación de la naturaleza y de las catástrofes ecológicas”.

 

A cielo abierto, es un proceso de creación en el que se apela a los fundamentos de las reglas de construcción posibles para una noción contemporánea de paisaje y de contemplación, dejando de lado las leyes clásicas de la modernidad renacentista, para emprender una búsqueda que toca por un lado la geometría sagrada (premoderna por excelencia) y por otro, un modernismo futurista. Como es el de Le Corbusier, en quien Aparicio encuentra pistas para una concepción de la naturaleza consiente de la presencia de lo humano en la tierra, retomando la afirmación del arquitecto que ella parafrasea diciendo: “Desde el avión se podrá descubrir mejor el futuro de una ciudad». En palabras de la artista: “a partir de ahí es que yo opto por recorrer el territorio a través de Google Earth. Creo que puede ser importante hacer un vínculo con la visita de este arquitecto en el año 1950 a Bogotá y su plan piloto. Ese plan utópico quizás habría hecho de Bogotá una urbe muy distinta (…) el concepto de naturaleza debe ser redefinido y reconstruido, dando lugar al paisaje como imagen, como representación de una realidad” . Bajo tales leyes de construcción, la efigie del cambio de las formas del paisaje, hacia otros modos de representación y aparición, toma las formas y densidades aquí presentes.

 

Las columnas no existen solamente para sostener. Buscan elevar, elevándose a sí mismas. Una columna, ante todo, sostiene su propio deseo de alzarse. Las esferas no rotan, ni ruedan, sin proponerse también, empellar el lugar al que se dirigen. Su rotada “canta” la premonición de una devastación. En una trasposición de la lógica aristotélica al trabajo con materias utilizadas en la minería “a cielo abierto”, − cielo- aquí, es la configuración de un objeto cayente, “a ras” de la epidermis de la tierra. Las coordenadas matemáticas de la tierra, lugares celestiales, por su inmaterialidad, toman la forma de esferas cuyo “canto rodado”, es el sonido que hace la tierra mientras es devastada. Sonido que, para Aparicio, únicamente cesará cuando el humano cese en su impulso por erigirse en columna; en la columna que arrasó la tierra. La esfera, el cuadrado, y la acumulación por estratos, son los elementos de una suerte de tratado paisajístico para un mundo que rueda hacia el lado infernal del dibujo de su derrocamiento. La Sabana de Bogotá, con sus formas dulcineas y frugales, es embutida y cabe ahora, en una serie de moldes, modulor, de lo que queda por a (ras) ar.

 

Pilar Aparicio (Bogotá, 1964) es publicista de la Universidad Tadeo Lozano y en el 2017 se graduó como Maestra en Artes Plásticas de la misma institución con tesis meritoria. En el 2018 presentó Planisferio, Colombo Americano de Bucaramanga donde exploraba la idea del territorio como espacio biopolítico que condiciona, limita y define al sujeto actual. En el 2017 expuso en la Sala de Arte Carlos Drews de Pereira, su proyecto Golden Gate. Ha sido parte de exposiciones colectivas como Cosmos en LA Galería (2018) y Zona de Tolerancia, La Caracas, en Espacio Alterno de la galería NC Arte.

Nathalí Buenaventura Granados