NADÍN OSPINA
PORTALES
OCTUBRE 30 AL 30 DE NOVIEMBRE | 2024
La pandemia generó escenas inimaginables hasta entonces: ciudades llenas de actividad humana se transformaron en paisajes extraños donde la fauna silvestre encontró nuevos espacios para habitar. Este fenómeno puede interpretarse como una inversión temporal de roles en la que los humanos, confinados y ausentes, cedieron el espacio para que la naturaleza reclamara sus antiguos dominios.
Entonces surgen dos pregunta: ¿qué es realmente lo surrealista? ¿Es la obra que representa estas escenas, o la realidad misma que se manifestó de manera tan extraordinaria? El confinamiento reveló una capa de nuestra existencia habitualmente oculta por el bullicio de la vida moderna. En este sentido, lo surreal no es solo una construcción artística, sino una posibilidad latente en la realidad que emerge bajo ciertas circunstancias.
Portales invita a reflexionar sobre las frágiles condiciones ambientales del planeta mediante la confrontación de dos elementos: seres vivos y construcciones arquitectónicas. La yuxtaposición de animales salvajes y edificios icónicos genera una tensión entre la fuerza vital primordial de la naturaleza y el impulso tecnológico de la humanidad. El retrato de un escenario apocalíptico y distópico, eventualmente superado, abre una puerta a la esperanza: una visión utópica de un mundo donde la armonía planetaria se alcance a través de un impulso resiliente y creativo por medio de la ciencia, el humanismo y la estética.
La obra propone una reflexión sobre el impacto de nuestras pulsiones en el mundo. Indaga en cómo el deseo y la creatividad pueden llevar tanto a la construcción como a la destrucción, y sugiere que el equilibrio entre estas fuerzas es crucial para un desarrollo sostenible y justo, subrayando la necesidad de una meditación profunda sobre nuestros deseos y sus consecuencias en el entorno y en la sociedad.
La insistencia en la representación de edificios icónicos como el Empire State, el Gherkin de Londres y la torre de Pisa, entre otros, tiene una intención simbólica al otorgarle a sus presencias la capacidad de significar el resultado tangible de esa pulsión primaria que se traduce en la producción creativa y el avance tecnológico, con el inquietante poder de generar beneficio o destrucción.
El color vibrante que ha caracterizado mi obra desde el inicio, y que aquí reaparece poderosamente, tiene una impronta lúdica y manifiesta la persistencia de una memoria infantil en la que a través del juego el niño elabora simulacros del mundo real a través de los juguetes, pequeñas y coloridas representaciones simbólicas de su futura experiencia de confrontación.
Las piezas que componen cada obra operan como un juego. Cada instalación se asemeja a una herramienta mágica, un dispositivo de combinaciones poéticas, simbólicas y de rituales. La disposición de los elementos, ya sea aleatoria o intencional, evoca una tirada mágica de fichas o monedas, como en el I Ching, en donde las permutaciones revelan un mensaje oculto que conecta profundamente con el sentir de cada observador. Como piezas de un juego de memorias primigenias o fichas de un juego de rol, estas figuras parecen embarcarse en una misión épica que nos invita a reflexionar sobre las condiciones del planeta y las complejas relaciones de la humanidad con la biósfera.
La serie Portales, de 2024, inicia una nueva fase del trabajo La persistencia del deseo. Las arquitecturas icónicas se confrontan y sirven de trasfondo dialogante a los animales que ahora parecen desbordar la bidimensionalidad para irrumpir en el espacio. Como desplazándose de una dimensión etérea, los hipopótamos, rinocerontes, tapires, jirafas y demás seres salvajes irrumpen en nuestro entorno. A través de portales “multidimensionales” los pequeños seres acceden, invaden, se materializan.
En Portales el arte deja de ser una declaración cerrada para convertirse en un espacio de posibilidades infinitas, donde el espectador cruza un umbral hacia nuevas interpretaciones. La obra cobra vida en la medida en que es tocada, modificada y resignificada, desafiando los límites de la autoría y la relación entre creador y público.
Nadín Ospina