EL UNIVERSO DE
ANA MERCEDES
OCTUBRE 30 AL 30 DE NOVIEMBRE | 2024
Diez años después de su partida, esta exposición rinde homenaje a Ana Mercedes Hoyos (Bogotá, 1942-2014), una de las figuras más destacadas del arte colombiano y latinoamericano de la segunda mitad del siglo XX y comienzos del siglo XXI. La seriedad de su planteamiento pictórico, la independencia de su lenguaje y el desarrollo del mismo se reflejan en la solidez de su trayectoria y en el lugar privilegiado que ocupa en la escena plástica internacional.
Conocí a Ana Mercedes en 1978, el día en que con su serie Atmósferas le fue otorgado el primer premio del Salón Nacional de Artes Visuales. Durante años había seguido de cerca la evolución de su propuesta plástica, una etapa de claro desarrollo iniciada desde principios de los sesenta en la que se evidenciaba su inclinación por el arte pop, luego el paso por el estudio geométrico y a partir del cual surgiría la serie Ventanas, hasta llegar a los planteamientos que abrían la posibilidad de intuir rasgos abstractos y figurativos a través de las Atmósferas que se premiaban en esa ocasión.
En el momento era apenas un adolescente apasionado por el arte que, aunque con una pequeña colección en formación, guardaba con recelo la única obra de Ana Mercedes a la que había logrado acceder gracias a un canje hecho con un amigo: una serigrafia de la que en definitiva llegué a sentirme más orgulloso esa noche en que descubrí a la persona que la había realizado, a alguien con quien a partir de ese instante, y con todas las fluctuaciones de una intensa artista, nos fuimos volviendo inseparables.
Desde siempre he admirado profundamente a Ana Mercedes Hoyos. No sólo por el fuerte carácter y marcada personalidad que hicieron de ella un individuo excepcional. Como artista, fueron sus cualidades de compromiso frente a la plástica nacional las que, algunas veces con rebeldía, transformaron en realidad sus ideales: los que vistos décadas atrás como irreverentes comportamientos fueron fundamentales para la instauración de las vanguardias de occidente en nuestro país y los que desde hace algunos años se muestran como alternativa para la recuperación de la historia y los legados heredados de ella.
Una capacidad para la reinterpretación de las tradiciones que se hace evidente tras la observación de cada una de las series a las que Ana Mercedes Hoyos dio vida. Desde los bodegones, inspirados en la maestría de los siglos XVI al XVII y de los que Caravaggio y Zurbarán fueron protagonistas, hasta los análisis geométricos de la naturaleza, ejemplificados por Cézanne hace más de 100 años, reinventaron un nuevo ordenamiento de la mano de Ana Mercedes, una artista que también con cocimiento del constructivismo y del sentimiento de la abstracción expresionista logró que las naturalezas muertas recobraran, además de su vitalidad, el indiscutible atributo de la peculiaridad.
Sus obras son únicas e inconfundibles. No basta hablar de ellas como de coloridas composiciones de base geométrica que actúan como reflejo de una sociedad. Al interior de cada una ellas se vislumbra una actitud, una historia, un discurso reflexivo en tomo a la descentralización de las culturas nacionales y alrededor de las arraigadas tradiciones que han evadido la presencia multicultural dentro de un mismo territorio.
Ana Mercedes Hoyos nos reveló la posibilidad de conocer fragmentos de un universo oculto, de descubrir a través de sus dibujos, pinturas y esculturas las riquezas de nuestra nación. La luminosidad de la geografía caribeña, las huellas de una histona autóctona y que personifica la población de San Basilio de Palenque, son protagonistas del innegable patrimonio colombiano del que ella fue testimonio y artífice, intérprete incansable de la tradición y prueba definitiva del desarrollo y reconocimiento de las prácticas plásticas de un país aún lejos de sus límites.
Luis Fernando Pradilla