RICARDO MUÑOZ IZQUIERDO

ANTROPOFAGIA PSICOTROPICAL

JUNIO 11 AL 18 DE JULIO |  2026

Antropofagia psicotropical se erige como un prototipo de bestiario, un sistema de pensamiento y una poética de lo mental. Esta categoría parte de la premisa central del Manifiesto antropófago de 1928, de Oswald de Andrade, quien proponía la devoración crítica del canon colonial como vía para crear una cultura propia. Al igual que los tropicalistas brasileños, que décadas más tarde radicalizaron esta noción al construir una estética psicodélica capaz de transmutar la influencia extranjera en una identidad exuberante, Ricardo Muñoz Izquierdo retoma esta lógica antropofágica. Sin embargo, no busca la simple digestión del canon, sino su fragmentación y reconstrucción en un ensueño híbrido, donde el inconsciente, el humor ácido y la pulsión imaginaria operan como fuerzas transformadoras. Aquí, el trópico no es una alegoría geográfica, sino la clave de un mecanismo perceptivo capaz de revelar lo monstruoso y lo sublime desde una posición insurgente.

En este cruce, Muñoz Izquierdo codifica su universo bajo el Hiperpsicorealismoneorupestre. Es fundamental comprender que esta apuesta, en todas sus materialidades, emerge de una praxis esencialmente gráfica. Para el artista, el dibujo no es solo una técnica, sino un lenguaje fundacional: un sistema de pensamiento que antecede a la imagen. Su pintura no puede existir sin la comprensión previa de este sustrato. Sus lienzos operan como la amplificación de un universo gráfico que se expande y desborda el papel para habitar lo espacial y lo matérico.

El artista se sumerge en este ismo con una mezcla de ambición y distancia crítica, consciente de que intentar erigirse como un gurú chamánico-lujurioso en un mundo asediado por la inmediatez y la falta de tacto es un gesto a la vez idealista y cómico. En medio de la ametralladora de imágenes ligeras que define nuestro presente, su obra se sitúa en una brecha entre lo moderno y lo “primitivo”, proponiendo una actualización del dibujo que no teme al exceso, la repulsión ni la perversión.

La muestra invita al espectador a enfrentarse a una acumulación de lo íntimo: una capa viva de pintura surreal e imágenes en movimiento cargadas de exploraciones narrativas y performáticas. Aquí, su trabajo resuena con esos momentos silentes e incómodos que subyacen en nuestra vida interior. Se trata de dotar de forma a un cuerpo onírico, deformado y fragmentado, del cual todos formamos parte. Quedamos a la espera del decálogo de este movimiento, sabiendo que no es más que un pretexto para poner orden en el caos: una invitación a reconocer que, en la antropofagia de nuestros propios fantasmas mentales, reside una de las formas posibles de crear realidad en estos tiempos.

Elías Doria
Curador