ANA MERCEDES HOYOS
BOGOTÁ, 1942 – 2014
“La obra de Ana Mercedes Hoyos ocupa un puesto de primera línea en la historia del arte de la segunda mitad del siglo XX y comienzos del XXI, no sólo por sus logros estéticos y por su sintonía con los aportes del arte internacionalmente, sino por los amplios alcances de sus designios creativos, expresivos, sociales y culturales. Su legado incita a raciocinios, acerca del implacable devenir del arte, pero así mismo acerca de un pasado vergonzoso para la humanidad y del presente altivo y triunfante del primer pueblo libre de América».
TEXTOS
“La obra de la primera época de Ana Mercedes Hoyos fue la consecuencia, sorprendente, del repaso, desde una perspectiva joven, de un fenómeno de índole sensorial con una sagacidad que puso de relieve, a veces por el camino de la ironía, a menudo con un tinte de nostalgia, la pugna entre la rutina y esa ilusión de ciudad “ideal” que, en los supuestos colectivos, comenzaba a hacer parte de una avidez constreñida y que formulaba las expectativas, precipitadas en mucho por el desarrollo mediático, con el empleo de una jerigonza cuya aparente ilegibilidad cohabitaba con los que, hasta ese momento, habían sido dogmas.
Los paisajes urbanos, que se apoyaron en la influencia de los grandes maestros del momento, entrañan una rebeldía de juicio y sostienen la validez de reinterpretar una atmósfera para convertir lo que podía haber sido un simple atisbo en una arenga pictórica de largo aliento, en la cual se conjugan los nubarrones de altiplano, las montañas con sabor de ancestro, los pedazos de un hábitat cuasifuturista, los fragmentos de los avisos y hasta la intromisión de los vehículos, para hacer énfasis en un debate, desde lo plástico, alrededor de ese infinito de señales. A través de esa interpretación de lo próximo, la autora reformula, con la óptica de una actualidad asombrosa, la vieja práctica local de la contemplación, sin trazas de la añoranza de las rutinas de antaño, para transformarla en un hilvanado joven, vigilante, no emancipado de escepticismo, que tiene la solidez de una discusión de naturaleza erudita.”[1]
[1] Fernando Toledo Zamora. “Ana Mercedes Hoyos. El entramado de la coherencia”. En “Ana Mercedes Hoyos: retrospectiva” Editado por Instituto Nacional de Bellas Artes y Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey. Mexico, Abril 2005. Pg. 27-28.
“La artista realiza un recorrido visual por la historia del arte que se materializa en una serie de homenajes, en los que hace una reinterpretación de algunas obras. Dentro de esta etapa pictórica podemos contar su obra Girasoles, homenaje a Van Gogh, y El primer bodegón en la historia del arte, homenaje a Caravaggio. Igualmente, la artista adapta el colorido y la técnica del arte pop norteamericano con una temática latinoamericana. Es así como el foco de atención de su pintura deja de ser la naturaleza y surgen elementos de la cultura popular y urbana.
Poco a poco vamos viendo como las naturalezas muertas toman vida, cambian y evolucionan en cada cuadro, aunque, sin dejar de lado elementos del legado de la pintura universal que son esenciales para la artista y que logran adaptarse a la realidad local: ‘Ana Mercedes concluye que aquellos aspectos de la realidad colombiana poseen las mismas reglas de ordenamiento compositivo que el cubismo de Picasso, que las formulaciones de Cézanne y que los equilibrios de color que encontró en Jawlensky’.” [1]
[1] Fernando Toledo Zamora. “Ana Mercedes Hoyos. El entramado de la coherencia”. En “Ana Mercedes Hoyos: retrospectiva” Editado por Instituto Nacional de Bellas Artes y Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey. Mexico, Abril 2005. Pg. 27-28.
A través de su mirada al mundo de San Basilio de Palenque, Ana Mercedes Hoyos se interesó por la historia de América partiendo del descubrimiento, la esclavitud y rescató algunos de los elementos simbólicos de la identidad de Norte, Centro y Sur América como pueden ser la mata de maíz y los afrodescendientes.
Esta etapa abarca una serie de bodegones en los que la artista aborda el universo de las palenqueras – mujeres afrodescendientes provenientes de San Basilio de Palenque – el símbolo más importante de las luchas cimarronas por la emancipación de los de esclavos el primer pueblo libre de América. Estas mujeres, en la actualidad, con sus palanganas de frutas, realizan su trabajo en Cartagena de Indias. Todos los pasos de este intercambio comercial que va desde la preparación hasta la degustación de la fruta, detalles que se perciben en la aparición paulatina de la figura humana en sus lienzos, surgen, a modo de fragmentos que dejan entrever los personajes que están detrás de las frutas y las palanganas, la artista nos insinúa una historia que va mucho más allá de los objetos, la cual tiene una carga histórica y cultural. Ella observa y rescata por medio de la sensualidad de las pieles, de los colores intensos, de los vestidos, colmados de la luz del Caribe.
Su obra se convierte así, en testimonio de la vida de esta comunidad de la costa colombiana. Sus bodegones constituyen una mirada reflexiva a la realidad cultural colombiana, realizada con un interés histórico y antropológico, ‘verdaderos documentos sobre la vida, los valores y las predilecciones estéticas de un grupo étnico y social que ha hecho invaluables aportes a la cultura nacional’.”[3]
[3] Ibid.
“Las palanganas con frutas son uno de esos símbolos, como lo son los cuchillos, los barcos de esclavos, los tambores y los lazos. Lazos como los que conforman esta serie, los cuales no sólo hablan de tradiciones, ya que son un elemento reconocible en viejos atuendos africanos, sino de conceptos como el de gusto y elegancia referidos a los palenqueros. Este tipo de lazos ajustaban en la espalda los vestidos de tonalidades pastel que lucían las adolescentes en las fiestas patronales, acentuando sus cinturas ágiles y esbeltas y otorgándole a la conmemoración y al jolgorio una nota de estilo y esplendor.
Los lazos han sido elementos ornamentales en el vestuario de prácticamente todas las culturas; pero no éste lazo en particular, con sus grandes argollas y su suave caída brotando de un nudo central y conformando, por medio de las líneas que demarcan sus formas, una especie de telaraña o de complejo tejido que invita a ser representado a través de la sinuosidad y la simplicidad.
Y eso es lo que ha hecho Ana Mercedes Hoyos, porque a pesar de tratarse de acrílicos sobre lienzo, estos trabajos son ante todo dibujos: concreciones de ideas a través de líneas creadoras de planos, contornos, perspectiva, volumen y espacio; representaciones gráficas de refinadas costumbres y acendrados valores que se traslucen en actividades tan simples y corrientes como las de atar y engalanar.”[1]
[1] Eduardo Serrano, “Lazos de Sangre”. Texto de la exposición 5 AÑOS DE AUSENCIA: HOMENAJE A ANA MERCEDES HOYOS.