Vicky Neumann pinta como el que se toma un vaso de agua. Aunque esto último es verídico, la idea del habla me permite señalar que las imágenes figurativas y abstractas de sus lienzos se convocan mutuamente y se sitúan ante nuestros ojos como una palabra tras la otra en el discurso oral. Pero prefiero la alusión a la escritura, no sólo porque es lo que yo hago en este instante, sino porque Vicky Neumann parece escribir en sus telas. Sus palabras son imágenes visuales. Dotadas de fondo y forma, esas palabras son un rostro o una raya, una silueta humana o una mancha de apariencia inane, pero nada es inane en estos cuadros porque cada detalle, por nimio que sea, hace parte consubstancial del tema que a conciencia desarrolla la pintora.
TEXTOS
Vicky Neumann es un ojo. Y con ese ojo el mundo se ve distinto. Y no sólo se ve distinto sino que es representado distinto, con el lenguaje del pincel.
¿Qué tiene de distinto el mundo de Vicky? Es un mundo propio, interior, que está atravesado por quelque chose que está antes y encima. El mundo real que está allá afuera es visto por un ojo que atraviesa las apariencias y desnuda lo que él considera es la esencia de las cosas.
En su visión del mundo, Neumann saca a la luz la mentira del paisaje, de una manera salvaje, con unos grandes brochazos de colores dispersos, derramados, que ante su magnitud no queda sino denominarlos con diminutivo: una pequeña agresión, una agresioncita.
En estos cuadros Neumann reproduce paisajes urbanos y rurales de grandes maestros flamencos e italianos, con humildad y reverencia, pero a renglón seguido los interviene y violenta con trazos espontáneos, del más libre expresionismo. Por esa vía la pintora barranquillera equipara la figuración y la abstracción: el mundo es y no es al mismo tiempo. Lo que vemos son sombras, apariencias, como en el mito de la caverna de Platón.
El ojo quirúrgico de Vicky, ese ojo que toma radiografías a las apariencias, la autoriza a transcribir pinturas del pasado para luego destruirlas, reconstruyendo por esa andadura una nueva lógica.
Si todavía quedaba alguien que creía que el planeta estaba tranquilo, la turbulencia de esta pintura subvierte todos los esquemas: después de estos cuadros, ya nada es lo mismo.
Nestor Raúl Correa
Desde los trabajos anteriores Vicky Neumann ha intentado dar una respuesta pictórica a las evocaciones implícitas en las fotografías familiares utilizando imágenes que parecen provenor de la profundidad de un espacio-tiempo que coincide con la espacio-temporalidad pictórica. Espacio e imagen se copertenecen y por ello el espacio tiene una dimension psíquica, profunda y semivacía, que desborda su definición como simple fondo o receptáculo de las figures. A ese concepto se le incorpora su gesto infantil, un trazo vigoroso y espontáneo.
El impulso gestural no sólo se hace visible en la danza de una línea, también en el trabajo del color, los cuales poseen cierta neutralidad evocativa. Por su parte las superficies son accidentadas, azarosas, espontáneas, jamás preconcebidas ni destinadas a finalidades de tipo ornamental o reprentacional. En ese contexto las figuras aparecen excavando o raspando las capas de pintura (equivalentes a capas de tiempo y espacio). Las superficies resultantes son las marcas y huellas de ese proceder.
Vicky Neumann responde con gestos que remiten al pasado, tanto en su concepción como por lo que evocan (casa, infancia, etc,),en esos gestos no se significa nada preciso, pero son desde el mismo pasado. La foto por un momento escapa a su olvido en el tiempo para reanimarse tanto por la pintura como por la persona que la observa. Se trata de un encuentro estremecedor, de conmoción de orden corporal, por ello el gesto que surge como respuesta habla menos de una idea traducida linealmente que de una situación, de un instante único, de un peculiar encuentro entre un suceso externo y una experiencia interna. Parecería que la imagen actuara como un disparador de algo interno que necesariamente remite a lo primitivo de sí, a lo inconciente, al arquetipo de la infancia. Así como la imagen fotográfica se revela desde la oscuridad, emerge desde ella, así mismo esa imagen es el detonante para revelar facetas que yacen en las oscuras profundidades del artista o del espectador que entra en el juego propuesto por la obra.
Javier Gil