Las pinturas y dibujos de Starsky Brines cautivan con su particular estilo expresionista y su tema recurrente: la exploración de la naturaleza humana. En sus audaces obras el artista crea personajes que fusionan rasgos antropomórficos y zoomórficos inspirados en arquetipos, cómics y las memorias de su infancia. Brines da otra forma a la realidad y nos sumerge en un universo singular que juega con la iconografía contemporánea. La mezcla de humanos y animales evoca una narrativa que con frecuencia conecta con cuentos de hadas, leyendas y mitos. Infundiendo teatralidad a su mundo imaginario, con un lenguaje que reta los cánones estéticos, transita un camino en el que la fuerza de lo natural y lo primario es atravesada por el caos de la contemporaneidad.
TEXTOS
Según el estudio que realizó el psicoanalista Sigmund Freud sobre las diversas manifestaciones de “lo siniestro” a partir del análisis del cuento El hombre de Arena de E.T.A. Hoffman, la concreción o aparición de lo siniestro en la obra de arte tiene que ver con las capacidades del poeta para ubicarse en el terreno de la realidad común y deslizar esos rasgos desde lo cotidiano hasta la ficción, asentando los pasos de un desplazamiento que posteriormente se repetirá en la experiencia del espectador.
En el caso de Starsky Brines, podría decirse que es justamente este mecanismo uno de los puntos centrales de su propuesta pictórica; sus ambiguos personajes, tanto en los dibujos como en las telas, se presentan ante nosotros como si pertenecieran a un mundo por todos conocido que repentinamente es desajustado por la intervención del artista. Extrañas presencias, muñecos sombríos, seres mitad animales y mitad hombres, mujeres ambiguas, niños risueños, bestias sutiles, textos, poemas, grafías y objetos, están constantemente transitando por esta calle de doble sentido que desarrolla en sus piezas una cartografía fantástica donde lo extraño y lo familiar se solapan, haciendo surgir figuras tan cercanas como ajenas.
Para Brines, este mundo es una población infinita muy particular, un bestiario urbano tan íntimo como colectivo que viene coleccionando desde hace muchos años y que parece asaltarle constantemente. En las imágenes de su producción artística respiran los restos personales de una memoria que se desplaza desde la muñequería y los recuerdos de la infancia, hasta pasar por la cultura del cómics y la iconografía característica de los mass media: símbolos, estereotipos, momentos, formas y relaciones que también sabemos cercanas porque conforman el día a día de nuestra compulsiva vida contemporánea. En su propuesta, los formatos, la técnica y los materiales de trabajo recrudecen estos desvíos visuales, cada figura funciona como un conjunto de fragmentos, de sugerencias, de gestos que se concretarán en los lugares ocultos del propio espectador.
A través del despliegue de este cúmulo de quiebres formales y conceptuales que no sólo inspiran la aparición de sus personajes sino que conforman el movimiento de cada trazo sobre la tela, el artista finalmente nos confronta con un mundo donde, como diría Freud, lo extraño, lo raro, lo desplazado, repentinamente se afirma y se celebra… Casi como si fuera un juego, abre paso a la presencia de lo siniestro: obras que se deconstruyen por instantes para luego reanimarse; piezas que desbordan historias públicas y privadas; fracturas visuales que fluctúan entre los destellos fantasmales de una trama subterránea; persistencia de una vía perdida donde el artista, expulsando y reciclando sus propios temores, nos entrega una verdad oculta de la que todos formamos parte.
Por Lorena González
* Extractos del texto completo “Como si fuera un juego…” de Lorena González