La obra de Hugo Zapata nace del corazón mismo de la tierra. Como un alquimista de la materia ancestral, esculpe no solo formas, sino memorias; sus esculturas parecen surgir desde las entrañas del mundo, como si la piedra hubiera decidido, por voluntad propia, contar su historia a través de él.
Zapata no talla simplemente roca: dialoga con ella. Basalto, granito, mármol, ónix… en sus manos, estos materiales pesados se vuelven ligeros, casi etéreos. La geometría orgánica que adopta su lenguaje plástico evoca ríos fósiles, semillas primordiales, espirales del tiempo. Su obra es un eco de las culturas precolombinas, una arqueología imaginaria que nos conecta con lo sagrado, con lo elemental.
TEXTOS
La escultura de Hugo Zapata sobresale particularmente por sus relaciones formales con la topografía que a su vez se recrea en un material sacado de las entrañas de la tierra. Son connotaciones profundas e innovadoras en la escultura colombiana.
Hugo Zapata trabaja con materiales naturales: roca, piedra, mármol, pizarra; combinados con hierro y vidrio, manipulados y trabajados con maquinaria y tecnología. Por medio de cortes, inserción, agrupación; transforma la piedra y las lajas en forma geométricas revelando texturas, oxidaciones, constitución morfológica, resultantes de la acción del tiempo.
En el contexto del paisaje su obra «Sendero, recorrido sembrado de yarumos», es un circuito continuo alrededor de una gran presa de agua, actúa como señal y elemento demarcador del paisaje.
Otra obra que compromete el paisaje es «Pórticos», gigantescos marcos de hierro pintados, «aquí el objeto de contemplación es la naturaleza misma». Su último proyecto es la «Pirámide de Indias» en la bahía de Cartagena, gigantesca estructura que emerge del fondo del mar.
Los proyectos macro de Zapata vinculados al paisaje y a la geografía, sus piezas urbanas y sus objetos escultóricos tienen su origen en una interacción naturaleza – artista, la carga, la memoria de la tierra y sus materiales son objeto de una sensibilidad racional que ordena valores formales, contenidos y huellas manifiestas del tiempo y los elementos en el mundo circundante. La geometría orgánica de sus piezas sugiere presencias intemporales en las que el azar convive con la voluntad ordenadora. Su obra es una alusión permanente al entorno y los seres que lo habitan y transforman, convivencia, acción, transformación, materialización.
«Pienso que mi trabajo solo es posible por la convivencia permanente con los seres y elementos que conforman mi entorno, cada sonido, cada presencia, cada material que me permite interactuar, comulgar con algo que puede transformarse y materializarse en un ser nuevo, con memoria y energía propias. Las huellas, los signos, los códigos sin descifrar, son tal vez los elementos que más motivan mi actitud indagadora e interrogante, orientada a construir esas cosas aparentemente materiales pero realmente inexistentes como entes precisos y solucionados, son difusos, brumosos, no aprehensibles, sin verdades a pesar de que su peso, su forma y carácter los ubique en la realidad. Considero que esa no verdad que los anima los hace permanentes y vitales».
Por: Beatriz Jaramillo Arango